jueves, 24 de noviembre de 2011

Humor sin H

Miqui Otero

Uno. Ricky Gervais cerró la gala de los Globos de Oro del año pasado en el Everest de la comedia ácida. En un país en el que si escupes la saliva aterriza en una escalinata de un templo, se despidió con la siguiente frase: "Y gracias a Dios, por hacerme ateo".

Antes había hecho rabiar a Bruce Willis con un comentario sobre el joven novio de su ex mujer y había insinuado la homosexualidad del sector cienciólogo (Travolta, Cruise) de la industria, entre otros regalitos. No se veía algo parecido desde la ceremonia de los Oscar conducida por Chevy Chase (qué nombre) en la que se presentó ante la parroquia de Hollywood tildándola de "hipócrita".Y, sin embargo, la Asociación de prensa extranjera ha vuelto a marcar su teléfono.

Él ha aceptado, pero ha admitido que no sabe si podrá dar tanta publicidad (ni tanta cera) otra vez.Dos. Gervais hizo lo que hacen los cómicos genuinos como él (o como Louis C.K., Larry David o Bill Hicks). Comportarse como son al margen del contexto: morder la mano que les da de comer, reivindicar la minoría y atacar a los grandes.

En paralelo a esta gran noticia, España ha sabido que Eva H será su equivalente en la gala de los Goya. Nada en contra, pero el humor de H se inscribe en nuestra tradición de comedia cívica, mansa, que, sin saberlo, es consecuencia tanto de décadas de control fascista (donde Franco soltaba risitas de helio con Los payasos de la tele, su programa favorito) como de sucesos aparentemente aislados como la bomba en la revista satírica El Papus en tiempos de la Transición amnésica.

Desde entonces, ya sin dictador, se han buscado otros mecanismos: la televisión, esa ventana a la que se asomaba toda la familia en el sofá, ha alentado un humor blanco nuclear por los derechos de los niños y la sensibilidad de los abuelos.

Ahora hay muchas otras pantallas y ese tiempo ha pasado, pero no todavía para citas masivas. Si H bromeara sobre las gafas de sol del Rey, se descolgarían los geos de las cortinas del teatro. En las redes sociales triunfan apuestas más arriesgadas y abrasivas como las de @masaenfurecida, Miguel Noguera o Carlo Padial (estos dos últimos tienen un gran gag sobre los Oscar).

¿Llegará el día en que ese humor ahora subterráneo salga a flote? Sería una marca de modernidad para nuestro país.

(vía adn.es)

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