domingo, 11 de diciembre de 2011

Día de violencia religiosa

Más de 60 afganos fueron asesinados durante la celebración de una fiesta tradicional chií.

Imagen del punto en el que se inmoló un hombre en Kabul, minutos después del ataque.  / AFP

Imagen del punto en el que se inmoló un hombre en Kabul, minutos después del ataque. / AFP

Los feligreses conmemoraban en las mezquitas el fallecimiento del imán Hussein, hijo de Alí y de la hija de Mahoma, Fátima Azzahra. La celebración se llama Ashura y la comunidad chií festeja en oración por la memoria del mártir. Sin embargo, en esta oportunidad los rezos se dispersaron por un triple atentado en Afganistán, donde los chiíes son minoría y donde ataques de este tipo, calificados como sectarios, no ocurrían con tanta fuerza contra la población.

En total fueron tres explosiones y 62 los muertos que hasta ayer figuraban en los registros del gobierno afgano, mientras más de 160 heridos, varios graves, se recuperaban en los hospitales. Los chiíes recibieron el primer golpe en Kabul, la capital. Hacia el mediodía, un hombre se inmoló en medio de una multitud que se aglutinaba para entrar a una mezquita. “Fui a buscar más vasos y una gran explosión me tiró al suelo y me dejó aturdido. Cuando me levanté, sólo vi cuerpos de gente tirados en el suelo”, declaró al diario El Mundo un vendedor de leche que trabajaba muy cerca del templo.

El segundo atentado tuvo lugar en la ciudad de Mazar e Sharif, al norte del país. El proceder fue muy similar al del ataque de Kabul, aunque sólo cuatro personas resultaron muertas y unas diez heridas. El saldo trágico lo puso Kabul con el resto de las víctimas, porque el tercer atentado, perpetrado en la ciudad de Kandahar, con una bicicleta cargada de explosivos, no dejó muerte, sólo destrucción.

De inmediato las sospechas condujeron a la insurgencia talibán, que fue removida del poder con la entrada de Estados Unidos al país en 2001. No obstante, el grupo armado difundió un comunicado, firmado por su líder, el mulá Omar, en el que condenaba “estos grotescos actos de terrorismo” y aclaró que la milicia “no permite atacar a afganos en nombre de su religión, tribu o procedencia”.

Al cierre de esta edición no había certeza sobre qué grupo fue el autor de la masacre. Algunas versiones también acusan a la red fundamentalista Haqqani, que se establece principalmente en la frontera con Pakistán, liderada por Jalaluddin Haqqani, otro excombatiente contra la ocupación rusa entrenado por la CIA y de quien también se dice tiene nexos con Al Qaeda. Al Qaeda también figura en la lista de posibles responsables.

Afganistán lucha por mantener su orden interno ahora que Estados Unidos comenzó su plan de retirada de tropas, que finalizará en 2014. El presidente del país, Hamid Karzái, condenó los atentados y afirmó que los culpables, quienes fueran, son “enemigos del islam y de Afganistán”. Karzái regresaba de Berlín, donde esta semana la comunidad internacional se comprometió a garantizar un apoyo financiero a la nación hasta 2024, un período en el que deberá adquirir la estabilidad de la que hoy carece.

(vía elespectador.com)

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