jueves, 26 de enero de 2012

Mitt Romney y la barrera del mormón

El precandidato republicano ha donado 4 millones de dólares a la Iglesia mormona entre 2010 y 2011, para muchos considerada una secta

Jaime G. Morajaime / Madrid

Mitt Romney y la barrera del mormón

Mitt Romney, exgobernador de Massachusetts

Por estas fechas, hace cuatro años, las primarias demócratas estaban casi tan disputadas como ahora lo están las republicanas. Entonces se especulaba con que, por primera vez, un negro y una mujer aspiraban con posibilidades reales a la presidencia de Estados Unidos. Hoy es un mormón quien pretende romper otra barrera.

Mitt Romney, hasta la resurrección del insurgente Newt Gingrich, era el candidato llamado a disputarle la presidencia al demócrata Barack Obama. Los recelos del electorado más conservador y la agrevisa ofensiva mediática de Gingrich han frenado a Romney, demasiado calculador hasta el momento. Tanto que en el país capitalista por excelencia se le acusa de ser rico. El expresidente del Congreso Gingrich se frota las manos mientras piensa que aún le queda una bala por usar: el exgobernador de Massachusetts es mormón.

Ser mormón en Estados Unidos significa no contar con el voto del 22% del electorado, según una encuesta de Gallup realizada en junio del año pasado. Son una minoría: solo el 2% (unos siete millones de estadounidenses) se definen como tal. La creencia de que son una secta está más que extendida y cargan con el sambenito de ser racistas y polígamos.

Pero nueve de cada diez republicanos desconocen que Romney es mormón. Tampoco se sabía que ha pagado a la Iglesia mormona casi tanto dinero -4 millones de dólares- como en impuestos -6 millones- entre 2010 y 2011.

«Libro de Mormón»

Pocos saben que el segundo favorito para las primarias de Florida (Gingrich le ha adelantado tras vencer en Carolina del Sur) es tataranieto de uno de los primeros conversos y uno de los primeros en emigrar a Utah, donde hoy se encuentra la sede. Él mismo fue obispo de Cambridge y de Belmont, lugar, este último, en el que también fue líder de su parroquia. En su juventud, en la segunda mitad de la década de los sesenta, viajó a Francia para predicar su fe. Esta es una práctica muy extendida entre los mormones, que buscan así extender una religión que nació en 1830.

Joseph Smith, el padre del mormonismo, decía haber recibido la palabra de Dios por medio de un ángel, quien le entregó unas tablas de oro que él tradujo en el llamado «Libro de Mormón». Cuenta que Jesucristo resucitado se apareció a una tribu de Israel que habitó en América 600 años antes de Cristo. La lucha entre dos castas -nefitas y lamanitas- finalizó con la victoria de los segundos, de piel oscura. Eso explica la presencia de indígenas en el descubrimiento de América.

Un año después de la publicación del «Libro de Mormón», Smith fue perseguido y acorralado en el Medio Oeste, donde fue asesinado. Años después, entre 1846 y 1847, sus seguidores se marcharon a Utah. Allí se encuentra ahora la base de la religión. El mormonismo, antes de su abolición en 1890, fomentaba la poligamia. El profeta Smith tomó a unas 24 mujeres, según los historiadores. Tampoco estaba permitido que los negros accedieran al sacerdocio.

La religión es importante

La religión, explica Juan Tovar, investigador de la Universidad Autónoma de Madrid, es una cuestión que responde a factores históricos y a la propia identidad estadounidense. «Estados Unidos es un país profundamente religioso y la religión siempre ha tenido un papel importante en la política, particularmente en el Partido Republicano. La tendencia a argumentar políticamente en un sentido moral es un factor que procede de su propia historia», señala. Para ocho de cada diez americanos, según Gallup, la religión es importante.

Una encuesta de Pew Research Center, por otro lado, revela que solo el 56% de los mormones cree que Estados Unidos está preparado para un presidente de su religión. Y eso lo sabe Romney, que ha obviado durante la campaña este aspecto. En las primarias de 2008, el excandidato Huckabee aprovechó esta cuestión para anular al exgobernador de Massachusetts: «¿Los mormones no creen que Jesús y el demonio son hermanos?». Huckabee ganó en Iowa y Romney no logró remontar unas primarias que acabó ganando John McCain.

En cambio, Juan Tovar piensa que EE.UU. «está perfectamente preparado para tener un presidente mormón. El problema se plantea más en relación a los propios votantes conservadores evangélicos que a otros sectores del electorado». Añade que «la victoria en estas elecciones probablemente tendrá que ver más con la recuperación económica y el descenso del paro».

Pero el gran rival de Romney dentro del Partido Republicano, Newt Gingrich, ha logrado desactivar las aptitudes económicas de un exitoso empresario cuya fortuna se estima en más de 200 millones de euros. Está por ver si la cuestión mormona saltará al barro electoral. A Romney le queda el recuerdo de John F. Kennedy, que en 1960 se convirtió en el primer presidente católico. Y eso que el 25% de los estadounidenses decía que no votaría por un católico.

(vía abc.es)

No hay comentarios: