viernes, 20 de enero de 2012

Una nueva religión

Por: José Fernando Isaza

Jorge Wagensberg escribe que en la historia de la humanidad han existido cerca de 100.000 religiones, todas consideradas verdaderas por sus seguidores.

Uno de sus fines es servir como instrumento de cohesión social. La palabra religión significa juntar, vincular fuertemente. Muchas religiones, altamente estructuradas, con sus dioses, ritos, dogmas sobre el más allá, etc., que congregaron parte importante de la población de su época, hoy no tienen fieles. Son ejemplos la religión egipcia, la griega, la romana, la persa.

El pasado 5 de enero, el gobierno sueco reconoció una nueva religión. Su nombre es kopimismo, su dogma principal es el derecho a la libertad de información. Descargar archivos de música, de cine, de TV, software, etc., es un acto sagrado, un sacramento. El sumo sacerdote es un joven de 21 años, Isak Gerson, que en el pasado lideró el partido de la “piratería”.

El gobierno sueco reconoce como religión a un movimiento que cumple al menos las siguientes condiciones: un grupo de seguidores que practican en sus rituales momentos de oración y tienen un sistema de creencias.

El kopimismo logró en un año demostrar que cumplía las condiciones para ser aceptada como una religión. Su sistema de creencias afirma: el conocimiento es para todos, su búsqueda es sagrada, como lo es su difusión y el acto de copiarlo.

Consideran que la teoría de derechos de autor es la oposición absoluta al kopimismo. Para justificar la “violación a los derechos de autor” afirman que, lejos de perjudicar a quien creó una idea, un concepto, un nuevo conocimiento, compartirlo gratuitamente es una muestra de reconocimiento a quien ha hecho algo bueno.

Uno de los objetivos de obtener la aprobación oficial de la nueva religión es, por supuesto, blindarse contra las demandas por violación de derechos de autor.

El debate sobre la propiedad individual o colectiva del conocimiento no es nuevo. Al inicio de la revolución cubana, el gobierno imprimió unas copias facsimilares de gran parte de los libros técnicos para las carreras de ingeniería editados en EE.UU. En la página de derechos de autor se leía algo así: los derechos de publicación están contemplados en la ley de educación, artículo tal. El artículo decía: “El conocimiento es patrimonio de la humanidad”.

Está vigente la discusión entre quienes plantean que un sistema rígido de derechos de autor es condición necesaria para el avance de la ciencia, la técnica y el arte, y quienes consideran que el avance de la humanidad se produce “sin derechos de autor” y citan como ejemplos las grandes obras clásicas de la literatura, a la vez que afirman que los avances en medicina que más han disminuido la mortalidad, como lavarse las manos o el suero, no se hicieron al amparo de patentes. Una rama del conocimiento que muestra permanentes avances durante los últimos 4.500 años, con la excepción tal vez del período 400-1200 d.C., no tiene patentes ni derechos de autor: la matemática. Esta comunidad consideraría un despropósito patentar un teorema o un número primo, pero no un software.

Cuando se camina por las calles de las ciudades, y no sólo las del tercer mundo, y se observa a los vendedores de toda suerte de objetos, no se sabe si pensar que son piratas o que hacen el papel de distribuidores del incienso de la nueva religión.

(vía elespectador.com)

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