martes, 6 de marzo de 2012

El 23% de los colegios públicos vascos no da Religión porque ningún padre lo ha pedido

El Gobierno Vasco pide abrir un debate sobre la asignatura y revisar los acuerdos con la Santa Sede

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LUIS LÓPEZ | SAN SEBASTIÁN.

La asignatura de Religión también está en crisis. Y eso que los colegios públicos, en virtud de los acuerdos que España firmó con la Santa Sede hace más de tres décadas, están obligados a dar clases de esta materia sólo uno de los alumnos quiera cursarla. Pero en 78 centros vascos, ni eso: en el 23,5% de las 332 escuelas de la red pública de Euskadi ya no se imparten enseñanzas sobre la fe católica porque ningún padre lo ha pedido.

La sangría lleva años consumándose. En la última década, el porcentaje de alumnos que estudia religión católica en los centros públicos (que acogen al 51% del alumnado vasco) ha bajado del 40% al 30%; en estos momentos, son unos 25.000 los que cursan la asignatura. En la red concertada, mayoritariamente de orientación católica, el interés por la Religión también baja, pero en mucha menor medida porque esta asignatura forma parte del sello diferencial de buena parte de los centros educativos, y siguen estudiándola más del 70% de los alumnos.

La cuestión es que esta tendencia va a más. Según datos facilitados por la Consejería de Educación del Gobierno Vasco, otros 84 centros públicos (lo que supone otro 25% del total) únicamente imparten Religión en Primaria, pero no en Infantil. Es decir, a medida que transcurran los años y los pequeños vayan pasando de curso -siempre que sus padres mantengan el criterio de ignorar esta asignatura- la demanda seguirá menguando.

El asunto es objeto de polémica de manera cíclica. Ayer, la consejera de Educación, Isabel Celaá, reactivó una discusión que nunca se ha apagado completamente. Durante una intervención parlamentaria consideró llegado el momento de «abrir un debate largo y profundo sobre la situación de la religión en las aulas». Recordó que la sociedad ha cambiado mucho en treinta años y que, por eso, quizás sea hora de modificar esa regulación vinculada a los acuerdos alcanzados entre el Estado y la Santa Sede en el lejano año de 1979.

Posturas más enconadas

A medida que pasa el tiempo, las posturas tienden a enconarse. Sobre todo, entre los padres. Durante el periodo de matriculación del presente curso la federación de asociaciones de padres de alumnos de la Escuela Pública Vasca (Ehige) lanzó una campaña para animar a los progenitores a no matricular a sus hijos en Religión. El razonamiento era que, con que un solo niño curse esta asignatura, el resto de sus compañeros están obligados a dedicar las cien horas anuales destinadas a ella a la 'atención educativa organizada', una especie de invento considerado intrascendente por la inmensa mayoría de la comunidad educativa. ¿Por qué no aprovechar ese tiempo para dar clases de refuerzo de Matemáticas o Ciencias? Porque eso pondría en desventaja a quien a esa hora está estudiando Religión. Sin embargo, si en un colegio nadie muestra interés por el catecismo, la dirección del centro tiene las manos libres para dedicar ese tiempo a la materia que le parezca oportuno.

Del otro lado, la agrupación de profesores de Religión Erelgune y el foro de familias Bagara denunciaron que estaban recibiendo presiones para no elegir esa opción cuando estaban realizando la matrícula. Incluso los obispos se pronunciaron para lamentar la existencia de situaciones anómalas y defender la plena vigencia de las enseñanzas cristianas en las aulas.

Este mismo año, la Iglesia trató de neutralizar la actividad de los padres que defienden una escuela laica con una campaña publicitaria a favor de la Religión. Y volvió a saltar la polémica porque la EiTB retiró el spot. A juicio de los directivos de la radiotelevisión pública vasca, incumplía la legislación que prohibe utilizar esta plataforma para la promoción y defensa de ideas religiosas. El choque llegó al Parlamento vasco, donde PNV y PP criticaron el proceder de EiTB.

Ayer en la Cámara de Vitoria volvió a vivirse un nuevo debate sobre el asunto. Pero, en esta ocasión, el Gobierno Vasco fue un paso más allá. La mecha la prendió el parlamentario de Aralar, Mikel Basabe. En una interpelación a la consejera de Educación calificaba de «inaceptable» el hecho de que la decisión de un único alumno de cursar Religión obligase al resto a «no seguir sus estudios en el ritmo habitual». Preguntó a la socialista cuáles son los planes de su Departamento para «evitar que una minoría de alumnos y alumnas de la escuela pública condicione el ritmo de estudio de todos sus compañeros de clase».

Celaá, por una parte, se justificó y recordó que el Gobierno vasco se limita a aplicar una normativa estatal. Además, «sólo» en cuatro centros públicos de la comunidad «se da la circunstancia de que haya un solo alumno o alumna que curse enseñanzas de Religión en educación Infantil y Primaria». Por otro lado, la titular de Educación lanzó el llamamiento a un debate «largo, profundo, sin prejuicios y sin miedos y con la voluntad de llegar a acuerdos que nos complazcan a todos» sobre el futuro de la asignatura. También apuntó la posibilidad de cambiar la regulación estatal. Un posicionamiento claramente laicista muy en la órbita marcada el jueves por Alfredo Pérez Rubalcaba, quien recordó que mientras los socialistas se manifiestan ahora con los sindicatos, el PP lo hizo años atrás con los obispos, para apostillar: «Cada oveja con su pareja».

Al margen de posturas políticas convenientes para reconciliarse con un electorado progresista descontento, ¿qué pasos podría dar Euskadi para impulsar un cambio en la asignatura de Religión? Aparentemente, poco más que pedir a Madrid, con más voluntad que convencimiento, que afronte una reforma legal. O quizás explorar vías para, igual que ocurre en la cuestión lingüística con el modelo A, relegar el catecismo a ciertos colegios donde se concentre toda la demanda.

(vía diariovasco.com)

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