martes, 10 de abril de 2012

El Obispo de Alcalá debería pedir perdón

Gema Lendoiro

No recuerdo las veces que he defendido por aquí a la Iglesia Católica pero han sido unas cuantas. Sin embargo esta vez estoy avergonzada de las palabras pronunciadas por el Obispo de Alcalá de Henares. Me provoca una profunda tristeza que exista gente que tire por la borda la labor encomiable que otros muchos hacen por defender una Iglesia que pasa por momentos de poca credibilidad entre ateos y, lo que es peor, entre creyentes. Defiendo la libertad de expresión siempre y cuando no insulte y las palabras del obispo claman al cielo, nunca mejor dicho.Son insultantes y no tienen defensa alguna.

El mensaje evangelizador de la iglesia y de su Mesías, Jesús, no puede estar más alejado de las palabras que pronunció el otro día en la homilía. Alejadas profundamente de lo que verdaderamente predica el verdadero cristianismo. Y no tienen defensa posible. Están llenas de odio y son propias de otras épocas, no de las actuales. Me avergüenzan como católica practicante. ¿Se imaginan a Jesús pronunciando esas palabras? ¿Él que hace dos mil años defendió a las prostitutas? Me cuesta trabajo creer que se pueda valorar a un colectivo entero, en bloque.

Los homosexuales son ciudadanos de pleno derecho y una cosa es no estar conforme con su estilo de vida y otra muy distinta es despreciarlos como ha hecho Monseñor. Decir que en la práctica de su sexualidad encuentran el infierno es volver a épocas muy pasadas que no sólo no tienen sentido sino que se alejan de la verdad. Infierno es la ausencia de Dios, de paz y un homosexual puede encontrar la paz exactamente igual que un hetero, que un cura, que un ateo y que cualquier ser humano. La paz no radica en las opciones sexuales de cada quién sino en otras cosas que residen en la pureza del corazón, de los sentimientos. El pecado, la maldad es otra cosa y eso ya lo sabe mejor que nadie Monseñor que para eso ha dedicado años de esfuerzo al estudio del mismo.

No soy experta en teología. Pero soy creyente y creo sinceramente que, según las enseñanzas recibidas por el catecismo de la Iglesia católica, es pecado hacer daño a los demás. Y con sus declaraciones, moseñor ha hecho daño. Y mucho. Debería pedir perdón. Todos cometemos errores y él lo ha cometido porque ha faltado a la dignidad de un colectivo mezclando y ejercitando la demagogia. Exactamente la misma que otros ejercen cuando acusan a todos los curas de ser pederastas. Seamos un poco más serios y más comedidos. Señores de las altas instituciones eclesiásticas: barran primero la casa porque sino a los de base se nos hace muy difícil invitar al resto a que entren.

(vía diariocritico.com)

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