martes, 10 de julio de 2012

De la circuncisión entre los musulmanes

            La circuncisión, llamada “al-jitan” en árabe, referida también como “tahara”, (literalmente “purificación”, con la que está en la religiosidad islámica estrechamente relacionada), es una práctica sumamente extendida en el mundo islámico, y eso que su enraizamiento en la teoría islámica no es tan evidente.

            De hecho, no forma parte de los que se dan en llamar "los pilares del islam". En todo el Corán, -la primera fuente del islam, como se sabe-, no se menciona expresamente ni una vez, y menos aún para decir que forme parte del conjunto de prácticas a observar por todo buen musulmán, a no ser el genérico mandato en el que Dios ordena al creyente “seguir la religión de Abraham” (C. 16, 123). Al fin y al cabo, el primer circuncidado no es sino el hijo que Abraham tiene de su esclava Agar, Ismael, de quién los árabes, y por extensión los musulmanes, se sienten descendientes. Algo que es diferente del mundo judío, con el que tan cercanamente emparentado está el islam, donde la circuncisión, como tuvimos ocasión de ver, es expresamente citada en sus libros más importantes y constituye la práctica central en torno a la cual gira la entera judaidad de una persona.

            En el hadiz, segunda fuente del islam, compuesto por el conjunto de dichos y hechos del Profeta recopilados por una serie de autores más o menos canónicos, tampoco se registra una literatura ni extensa, ni clara, ni homogénea. Sólo a modo de ejemplo, y para la perfecta escenificación de la discrepancia existente al respecto, el importantísimo imâm Nawawi en “El jardín de los justos”, recoge estos dos hadices consecutivos. En el primero, el 1208, escribe:
            “Abu Hurairah cuenta que el Santo Profeta dijo: “Estas son cinco exigencias de la naturaleza: circuncidarse, depilarse el vello púbico, cortarse las uñas, depilarse el vello de las axilas y no dejar crecer el pelo sobre los labios”.
            Donde como se ve, la circuncisión forma parte de las exigencias de la naturaleza. En el siguiente, el 1209, escribe en cambio:
            “Ayesha cuenta que el Santo Profeta dijo: “Diez son las exigencias de la naturaleza: mantener corto el pelo sobre los labios, dejarse crecer la barba, cepillarse los dientes, limpiarse la nariz, cortarse las uñas, lavarse la base de los dedos, depilarse le vello de las axilas y el vello púbico, lavarse las partes afectadas después de la llamada de la naturaleza”. El narrador e este hadiz dice que ha olvidado la décima, pero que cree que posiblemente era enjuagarse la boca”.
            Donde a pesar de ser más extenso, no se menciona sin embargo entre dichas exigencias, la circuncisión.
            En la tercera de las fuentes islámicas, el Fiqh o jurisprudencia, se trata también el tema. Según parece, de las cuatro grandes escuelas jurídicas [madahib], la hanbalí y la shafií considerarían la circuncisión como obligatoria: éstos últimos incluso promueven una circuncisión femenina que no es exactamente lo mismo que la ablación. En cuanto a las otras dos, la hanafí y la malikí, sería “Sunnah mu´akkadah”, es decir, no obligatoria pero sí altamente recomendable. Existe también dentro del islam, alguna tendencia contestataria por lo que a la circuncisión se refiere, las cuales se basan en la aleya coránica en la que Dios maldice a los que “alteren la creación de Dios” (C. 4, 119).
            Quizás finalmente, sea menester reconocer que la circuncisión fue siempre práctica común en la península arábiga y en todo oriente medio, y que aunque se trate de una práctica más preislámica que propiamente islámica, se nos presenta hoy día como confundida entre los preceptos religiosos islámicos, hasta el punto de que un altísimo porcentaje de musulmanes, muy cercano al 100%, está, de hecho, circuncidado.
            En cuanto a las tradiciones relacionadas con ella, no existe, como en el judaísmo, unanimidad. Para empezar, no existe un rito propiamente dicho, y se practica de formas muy diferentes en función de los lugares. En algunas comunidades se realiza al séptimo día de vida, de manera muy parecida a como se hace en el judaísmo, aunque lo más normal es que se realice hacia los siete/ocho años de edad, un poco como entre los cristianos la primera comunión. En otros lugares ocurre cuando el niño ha sido capaz de leer el Corán de principio a fin, y en otros de manera aún más tardía, como especie de rito de introducción en la edad adulta. A menudo va acompañado de una gran fiesta: así, en Indonesia, el país con mayor número de musulmanes del mundo, se celebra el llamado Perayaan Sunatan. Sí existe general acuerdo en no requerirla de los conversos al islam.

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