sábado, 8 de marzo de 2014

Un sector de los conservadores de EEUU quiere romper viejos dogmas de la derecha

¿Se puede ser conservador en Estados Unidos y al mismo tiempo ateo, partidario del matrimonio homosexual y de la legalización del cannabis y contrario a la pena de muerte?


Los defensores de un liberalismo social y económico predican en el desierto para que la derecha estadounidense retome estos temas caros a la izquierda.

Solo, en medio de una de las galerías donde tiene lugar la Conferencia Anual del Movimiento Conservador (CPAC), cerca de Washington, David Silverman distribuye insignias: una foto del Capitolio, el edificio que alberga al Congreso, con la leyenda "Esto no es una iglesia".

El presidente de "Ateos norteamericanos" concurrió sin que lo invitaran, pues su organización no fue autorizada a montar un stand en el centro de exposiciones.

"Fui excluido porque dije que los ateos criticaban la idea de que el conservadurismo y la religión cristiana estaban inextricablemente unidos", cuenta a la AFP. "Son teócratas, explican que no se puede ser gay y casarse, que no podemos morir dignamente (...), eso no es conservadurismo, sigue siendo más Estado".

"Los conservadores deben avanzar para que los demócratas no sigan ganando las elecciones sobre la base de asuntos estúpidos, como el matrimonio gay, y hablar de las cuestiones importantes, es decir la reducción del papel del Estado y un Ejército fuerte".

El movimiento conservador se expone en la CPCPAC con todo su folclore. Las grandes organizaciones, como la Asociación Nacional del Rifle (que se opone al control de las armas de fuego), las organizaciones de defensa del "matrimonio tradicional" y los grupos afiliados al Tea Party, forman el esqueleto y la base ideológica de la derecha estadounidense. Sin contar los animadores públicos como el millonario Donald Trump y la excandidata a la vicepresidencia Sarah Palin, quien hace carrera en la televisión.

Pero una red de militantes arguye que el dogma conservador está lleno de paradojas. Por ejemplo: si los conservadores quieren defender la libertad individual y reducir el papel del Estado en la vida de los ciudadanos, ¿por qué promueven tanto la intervención (estatal) en cuestiones sociales?

- Contra la pena de muerte y por legalizar el cannabis -

Respecto a la pena de muerte, dice a la AFP Jon Crane, integrante de un grupo preocupado por el tema, los conservadores deberían pedir su abolición en nombre del respeto a la dignidad de la vida humana. Es un castigo que otorga demasiado poder al Estado y cuesta muy caro a los contribuyentes, por el elevado costo de procedimientos judiciales excesivamente largos, agregó.

El consumo de cannabis, a su vez, debería ser encarado como un tema de responsabilidad individual, declara Howard Wooldridge, un expolicía que recorre los pasillos del Capitolio vestido con una remera en la que se puede leer: "Los policías quieren legalizar el cannabis, pregúntense por qué".

La lucha contra la droga insume además miles de millones de dólares y su eficacia es muy dudosa, insiste Woolridge, convencido de que puede convertir a los conservadores a su causa.

Numerosas personalidades participantes en el encuentro, entre ellas el gobernador de Texas Rick Perry, se pronunciaron a su vez contra las penas de prisión excesivas, que agravan la superpoblación de las cárceles y no operan como factor de disuasión.

En Texas, dijo el viernes Perry, se reformó el sistema penal para "dar una segunda oportunidad a los delincuentes". Desde hace diez años funcionan en ese estado del sur de Estados Unidos las "drug courts", que prevén penas alternativas a la prisión y un seguimiento médico por un mínimo de un año para las personas arrestadas en posesión de estupefacientes.

"¿Quieren una gestión pública verdaderamente conservadora? Cierran las cárceles y economizarán dinero", exclamó el gobernador. "No se nos conoce por ser precisamente un estado laxista en materia de combate a la delincuencia, pero espero ganar una reputación como estado inteligente en ese terreno", señaló, logrando la aprobación de Ron Paul, uno de los precandidatos oficiosos del Partido Republicano para las presidenciales de 2016. 

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