domingo, 8 de junio de 2014

El profesor de religión descuartiza al hermano y le caen...¡10 años de cárcel!

El 30 de septiembre de 2013, Diego Antonio Galeote, un profesor de religión de 39 años de la localidad mallorquina de Porreres, mató a martillazos a su hermano Víctor, de 32, en el piso que ambos compartían en la palmesana calle de Pere Llobera.

Tras el crimen, descuartizó el cuerpo con un serrucho y guardó los trozos en varios congeladores durante 20 días, en la misma vivienda, hasta que se entregó a la Policía.

Ahora, tras un insólito acuerdo entre la Fiscalía y la defensa del autor confeso, se ha acordado una condena de diez años por delito de homicidio, y han fijado la pena teniendo en cuenta el atenuante de confesión para Galeote.

CONVIVENCIA INSOPORTABLE

Galeote, de 38 años y conocido por los vecinos de la zona donde ocurrieron los hechos como una persona afable y de recta conducta, narró ante el juez que en la tarde de autos, decidió echar del domicilio a su hermano pequeño, toda vez que ya llevaba un año en ella y las desavenencias eran continuas.

En su relato afirma que su madre había echado a éste del hogar familiar y que, en principio, habían decidido que se quedaría sólo unos días, aunque la estancia se fue alargando en medio de un tenso ambiente que día a día iba creciendo de tono sobre todo por temas económicos (Víctor trabajaba como vigilante en un garaje cercano al domicilio).

Galeote, se había separado de su mujer hacía un año y medio, y tenía a intervalos el cuidado de la niña de ambos, situación que le preocupaba sobremanera ya que, tras el crimen y haber descuartizado su hermano metiendo los trozos del cadáver en dos frigoríficos ubicados en la cocina de su casa, tenía miedo de que la pequeña los descubriera.

LLAMADA AL CERRAJERO

El día del suceso, la discusión alcanzó entre ambos su punto más álgido, ya que Diego le dijo que tenía cinco minutos para marcharse.

El aludido entró en cólera y, según siempre la versión del ahora encarcelado, agarró un martillo e intentó atacarle cuando ya marcaba el número de un cerrajero para que cambiara las cerraduras de la casa, e impedirle así la entrada.

Fue en ese momento cuando le arrebató al arma y, cegado por la ira, le golpeó repetidas veces en la cabeza rematándole en el suelo.

Acto seguido, y con la ayuda de un serrucho, seccionó el cadáver y lo metió en un congelador para, más tarde, salir a comprar otro y hacer lo propio con los demás restos que quedaban.

SE ENTREGÓ

Con el paso de los días se fue yendo abajo, y terminó por confesarle a su cuñada lo ocurrido, aunque a las pocas horas decidía entregarse en Comisaría.

(via periodistadigital.com)

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