viernes, 24 de octubre de 2014

Interior obstinado en condecorar seres divinos

Enviado por Miguel Ángel Conejos Montalar

Jorge Fernández Díaz besando una cruz. Fuente: Ministerio del Interior.

Jorge Fernández Díaz besando una cruz. Fuente: Ministerio del Interior.

El Ministerio del Interior del Gobierno de España ha retorcido una vez más los manuales legales, además de concurrir en cierta convivencia con los tribunales, para conseguir una nueva demora en el fallo del proceso en el que se encuentra inmerso tras concesión de la medalla al mérito policial a Nuestra Señora Santísima María del Amor.

De nuevo, la Sección Quinta de la Sala de lo Contencioso Administrativo de la Audiencia Nacional ha tenido que retrasar la decisión sobre la polémica condecoración. El pasado 15 de septiembre todo parecía visto para sentencia, sin embargo, la Abogacía del Estado, consiguió demorar un poco más el absurdo. Lo peor: no era la primera vez.

La demanda presentada por Europa Laica y el Movimiento Hacia Un Estado Laico (MHUEL), obligaba a que la sentencia fuera tomada por tres jueces, ese fue el último vericueto que aplazó el fallo judicial, y obligó al cambio.

Cuando el fallo parecía inminente, de nuevo una maniobra de la representante legal del Ministerio del Interior, sitúa el suceso en el surrealismo católico más absoluto y absurdo, consiguiendo un nuevo aplazamiento. En esta ocasión, desde Interior aseguran que el documento de alegación presentado en septiembre correspondía a unas “alegaciones previas”, por lo que solicitaban la posibilidad de presentar las alegaciones definitivas.

Rizando el rizo, la Audiencia Nacional, admitió a trámite, el pasado 6 de octubre, una propuesta que no tiene otro objetivo que desesperar a jueces y demandantes, pero que terminará por desesperar a propios y extraños que, con mayor o menor interés, hayan seguido la evolución del asunto. Un absurdo que lleva ya más de seis meses de periplo judicial.

La demanda de Europa Laica y MHUEL tiene todo el sentido científico, lógico y laico. Condecorar a un ser inexistente, a una ilusión, por muy cultural que ésta sea, o aunque el motivo sea “guiar a la policía en la difícil misión que tiene encomendada” es propio de repúblicas bananeras, católicas, eso sí. Semejante idiotez puede, y así lo hace, provocar la risa y el escarnio de quien pueda leerla, y no esté acostumbrado a las diferentes majaderías ultra-católicas que se viven en España.

Este caso concreto ya ha provocado reacciones que abarcan desde la sonrisa a la carcajada, en lectores anglosajones de diarios como The Guardian o The Wall Street Journal. Marca España ‘old school’.

Para quienes observamos semejante demencia de cerca, la sonrisa se torna en desagrado, y trae al presente los oscuros momentos del pasado en el que nacional-catolicismo era la doctrina imperante, y que en nuestros dirigentes parece todavía instalado. No es algo que yo me invente, fue la propia abogacía del Estado la que en su primera alegación, no dudó en remontarse a 1938, en plena locura nacional ultra-católica, para encontrar argumentos que pudieran justificar la condecoración.

Apuntar con el dedo únicamente a Jorge Fernández Díaz y su actual Ministerio, sería lógico, pero se quedaría muy corto. Las condecoraciones a seres etéreos son viejas y abundantes. Ayuntamientos diversos y todo tipo de administraciones públicas han sido capaces de condecorar a seres divinos, etéreos y milagrosos de todo tipo. ¡Qué no se enteren en the Guardian!

(vía arainfo.org)

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