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jueves, 31 de marzo de 2011

¿Es la religión parte de la naturaleza humana?

Un hombre que actuara por un día bajo el supuesto que toda la gente que le rodea estuviesen influenciados por la religión que profesan estaría arruinado esa misma noche.

Thomas Macaulay

En la obra de Torrente Ballester el Rey Pasmado, durante un receso de la comisión de la Inquisición para juzgar la anulación del matrimonio rey Felipe VI por adulterio, se produce una conversación entre el Gran Inquisidor y el padre Almeida que no tiene desperdicio:

“La culpa de todo ese alboroto la tiene el padre Villaescusa. La fe ardiente, a veces, resulta incómoda (…).

­Que Dios me castigue si me equivoco, pero ese fraile no cree en Dios.

­¿Qué dice usted, padre Almeida?

­Es de esos hombres que hablan, gritan, agitan, amenazan, todo en nombre de la doctrina más pura, pero jamás se atreven a mirarse al interior. ¿Le ha escuchado alguna vez referirse al Evangelio? ¿Cree Vuestra Excelencia que tiene la menor noción de la caridad? El padre Villaescusa cree (…) en la Iglesia, a la cual pertenece y a la cual encarga de que crea por él; dentro de la cual espera medrar y, sobre todo, mandar.

La tasa de creyentes en el mundo desarrollado se mueve entre un 73% de EEUU y un 35% de Reino Unido.  Esas estadísticas están basadas en lo que la gente dice. Pero qué ocurre si nos fijamos –como el padre Almeida– en lo que la gente hace (una medida mucho más fiable de la realidad).

La encuesta del uso del tiempo por parte de los americanos del Departamento de Estadísticas Laborales de EEUU realizada entre 2003 y 2006 pidió a una muestra de norteamericanos que llevaran un diario de sus actividades diarias sin las señales o indicadores que suelen ser típicos en las encuestas.

El resultado de un día laboral es el siguiente.

Fuente: | How much time do americans allocate to religion. Macro and other markets musings

Como podemos comprobar en la tabla, en uno de los países desarrollados aparentemente más religiosos resulta que la gente dedica a actividades relacionadas con su fe, ¡3 minutos diarios!. Los domingos mejora algo más, hasta 36 minutos en promedio.

Bien, podríamos argumentar que esos escasos minutos diarios que dedican los creyentes a una de las supuestamente facetas más importantes de su vida lo hacen con devoción y que nada podría sustituir ese tiempo salvo algo de la transcendencia de ¡la apertura de un centro comercial!.

Dos economista han analizado los datos de la asistencia a la iglesia y las donaciones de los fieles antes y después de la derogación en varios estados norteamericanos de las “blue laws” –que impedían ciertas actividades en domingo con objeto de mantener ciertos “estándares de moral”–. El resultado es que ¡Abrir los centros comerciales en domingo disminuye el número de fieles!.

¡Vale, vale!. El consumismo es la religión de nuestros días –que diría alguno–. Seguro que  otras actividades más ociosas nunca sustituyen a la llamada de la fe. En un interesante estudio, Never on Sun(ny) days?, Laurence R. Iannaccone analiza los factores relacionados con la asistencia a la iglesia no en base a encuestas –lo que la gente dice–  sino en base a la contabilidad de asistencia que llevan algunas congregaciones –lo que la gente hace–.

En los días de mal tiempo, la asistencia disminuye. Por lógica, ¿en días magníficos soleados especialmente agradables para actividades al aire libre la asistencia aumentará?. No, ¡también disminuye!.

Y no se vayan a creer que España se queda atrás con un 76% se declara católico y sin embargo un 57% jamás vaya a misa, según el barómetro del CIS de 2009.

Pero por supuesto, la verdadera fe viene de un fuerte convicción de que la religión que uno profesa es la verdadera. ¿Y la ley de la oferta y la demanda?. En España básicamente en el pasado un sólo podía ser católico u ocultar su falta de fe. Pero EEUU es el país de las oportunidades y la religión no iba a ser menos. Cuando aumenta la competencia y la variedad de oferta, ¿elegimos la opción más conveniente?.

Entre el 47 por ciento y 59 por ciento de los adultos de EE.UU. han cambiado de afiliación por lo menos una vez. La mayoría lo describe como una deriva gradual de la fe de su infancia.

Incluso existe una correlación entre los ciclos económicos y la práctica religiosa. Y es que la fe también tiene un precio. Cuando la economía va bien y tenemos más alternativas, la práctica religiosa disminuye. De hecho, existe una correlación negativa bastante acentuada entre PIB per cápita y práctica religiosa.

Pero todo eso no puede ser  siempre cierto. Los testigos de Jehová ponen en riesgo la vida de sus hijos al vetar las transfusiones de sangre. Deben ser auténticos creyentes. Bien, eso es lo que dicen, ¿pero qué es lo que hacen?. En primer lugar intentar cambiar ese precepto religioso. Hay muchos testigos de Jehová que se pronuncian en contra de ese mandamiento. Y cuando los pones entre la espada y la pared para firmar el poder notarial para impedir las transfusiones  proporcionado por la Watch Tower Society, al menos el 50% no lo hace y un porcentaje similar no mantiene al día sus cartillas de la directiva médica para que no le hagan una transfusión. Aparte del hecho que Watch Tower publica detalles de todas las alternativas médicas a las transfusiones. No sé a ustedes, pero a mí todo eso francamente me huele a una buena excusa para burlar el precepto divino. [Ver referencias]

Afortunadamente, no todo el mundo practica la fe con tanta superficialidad. ¿O qué me dicen de la yihah y los mártires islámicos?. De los miles de millones de musulmanes, unos cuantos millones creen… perdón, afirman creer en el martirio como el camino más directo al paraíso. Pero sólo unos centenares han sido capaces –afortunadamente– de llenarse el cuerpo de explosivos y provocar  una desgracia. De esos, un porcentaje importante eran niños, que aunque puedan tener mucha fe en su religión, también suelen caracterizarse los niños por tener fe en Santa Claus, error de apreciación que suele desparecer en la temprana adolescencia–.

De los ejecutores de los atentados del 11 S parece ser que muy pocos sabían que se habían presentado voluntarios para un suicidio colectivo. Pudo ser una estrategia de los organizadores, pero una hipótesis simple es que entre 19 creyentes es difícil que alguno no se eche atrás en el momento crítico antes de saludar a las 19 vírgenes que le esperan en el paraíso.

En contra de lo que piensa Richard Dawkins,  uno probablemente no necesita tanto un buen motivo religioso como uno político para crear un unabomber. Las convicciones políticas pueden llevarte más lejos, como demostraron los prolíficos sucicidas de los Tigres Tamil de Sri Lanka. Y la pregunta del millón es si la motivación de la mayoría de suicidas islámicos no ha sido más política que religiosa en la mayoría de los casos.

Dios siempre está observando y promete castigo eterno para el que no cumpla con la ley divina . Los estudios apuntan incluso a que poner un fotografía de unos ojos observando en una habitación disminuyen la picarezca de la gente. Y sin embargo los datos no apuntan a que los creyentes tengan un mejor comportamiento que los no creyentes. Como dato anecdótico, las cárceles estadounidenses están llenas de católicos en mayor proporción que su representación social y despobladas de ateos en una proporción reclusa menor que la existente en la población.

¿O qué me dicen de Teresa de Calcuta?. Un día afirmaba “Si tu juzgas a la gente, no tienes tiempo para amarla” para en otra ocasión soltar que “El sida es un justo castigo para una conducta sexual incorrecta.”

Teresa de Calcuta hablaba mucho del amor al prójimo, pero su comportamiento era bastantes veces incompatible con esa creencia. Aquella presentada al mundo como una santa es en todo caso un ejemplo magnífico de humanidad, con todo lo que ello acarrea. ¿En qué creía Teresa de Calculta?. La verdad es que no tengo ni la más remota idea, pero según sus palabras “”Amo a todas las religiones, pero estoy enamorada de la mía.””

Parece que Teresa de Calcuta quería ser políticamente correcta y respetuosa con todas las creencias, un proceder muy estandarizado entre los líderes de las grandes religiones del mundo. Lo que dice algo sobre sus deseos de mantener buenas relaciones –o quizás hacer frente común contra el laicismo–, pero poco sobre la coherencia de su doctrina.

¿A dónde quiero llegar?. No me malinterpreten. Lo único que estoy intentado mostrar es que los creyentes son humanos, que dicen creer pero que muestran con su comportamiento que su creencia es de inexistente a débil en la mayoría de los casos. Ni siquiera se interesan por estudiar seriamente su fe. Los ateos en general suelen tener un mayor conocimiento de la historia y los dogmas de una religión que los propios fieles. Y de hecho muchas veces se nos acusa de que para no ser creyentes hablamos demasiado del tema. Otra evidencia del escaso interés que los creyentes tienen por sus propias creencias.

Pero incluso sin ese conocimiento de la fe que procesan,  es difícil de creer que personas adultas puedan tragarse de verdad las bobadas de la religión. Como hemos visto, su comportamiento es consistente con que efectivamente son más racionales de lo que los ateos a veces queremos creer  y las campañas de los  Dawkins, Harris y Hitchens quizás no hayan identificado correctamente al enemigo.

Como lo ponía Samuel Taylot, la gente sólo cree que cree. Y sólo cree en sus creencias, no en los supuestos hechos que afirman esas creencias. El misterio que no voy a resolver es por qué la gente dice que cree pero no demuestra con su comportamiento que lo haga. Quizás sea una vindicación empírica de la hipótesis del antropólogo Pascal Boyer que “la religión no forma parte de la naturaleza humana porque la mayoría de los seres humanos, a lo largo de la historia de la especie, han vivido en pequeños grupos de sociedades ágrafas, sin escritura, que sobrevivían sin nada parecido a instituciones religiosas”. O quizás no haya misterio. En muchas otras facetas de la vida actuamos ocasionalmente como si verdaderamente no nos importaran las cosas que decimos que nos importan. C’est la vie.

(vía amazings.es)

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