miércoles, 4 de abril de 2012

Hasta el Real Madrid se hace ateo

NO PRETENDO cuando escribo estas líneas despertar la pasión popular por los ritos de la Semana Santa, en especial por las procesiones, sino simplemente constatar una vez más algo que me llama la atención año tras año: ¿por qué los ateos no renuncian a estos días de vacaciones? Naturalmente porque una cosa es ser ateo y otra ser bobo. Un ejemplo de ateísmo personalizado en una profesora con la que me tropecé el viernes. Iba corriendo a hacer la maleta pues esa misma tarde se marchaba a su pueblo de la Península. Nada que objetar, desde luego, si no fuese porque hace unos meses mantuvimos un acalorado debate sobre la existencia de Dios, en la que ella lo negaba.

Vaya por delante que nada de lo que hubiésemos podido discutir ambos de teología, al igual que las otras personas participantes en la discusión, posee la menor relevancia. No es menos cierto, sin embargo -al menos eso me decía un profesor del colegio cuando era bachiller- que cualquiera que piense sobre un asunto, independientemente de que sea trascendente o trivial, ya está haciendo una aportación filosófica al universo del pensamiento humano. Siempre intuí que la filosofía es algo más serio habida cuenta de que la meditación personal, sobre todo a los doce o catorce años, difícilmente puede aportar algo a ese espíritu humano, siempre grandioso, del que estoy hablando. Pero claro, a los doce o catorce años uno ya ha aprendido que no es sensato llevarle la contraria al profesor. Vamos, que si lo obligan a cantar el Cara al Sol brazo en alto -lo cual nunca fue mi caso pero sí el de un izquierdosillo de estos alrededores que anda pichicomeando por ahí desde que lo echaron del PSOE-, pues canta el himno de la Falange hasta con entusiasmo.

Viene a cuento este preámbulo, ya un tanto largo, de que las semanas santas son muy poco santas desde hace mucho tiempo, dicho sea con la mayor de la deferencia hacia quienes siguen acudiendo a las procesiones. No es que las multitudes invadan las calles para ver el deambular de los pasos, la verdad sea dicha -y donde sí se concentran cierto gentío el motivo suele ser más folklórico que religioso-, pero en ningún caso los beatos de estos días son menores en número a los que se manifiestan en la vía pública por cualquier cosa, eso sí, con la diferencia de que estos últimos hacen más ruido y salen en los periódicos.

Santa o no, hubiera podido esperar el Real Madrid por lo menos hasta el lunes de pascua para quitar la cruz de su escudo. Decisión que no responde a una oleada de agnosticismo en el llamado club blanco, supongo, sino a un deseo expreso de no ofender la sensibilidad de sus amigos -e inversores a lo grande- de los Emiratos Árabes Unidos. "La fronteras no deben existir ni para el fútbol, ni para el deporte en general", ha manifestado Florentino Pérez. Ni tampoco para el dinero, don Floro; dígalo usted todo. Lo malo es que no existen solo en un sentido, pues en modo alguno hemos de ofendernos los europeos porque tengamos una mezquita en cada esquina. Todo sea por el todopoderoso; no el Todopoderoso Creador, se entiende, sino el todopoderoso don dinero. Qué asco.

(vía eldia.es)

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