domingo, 27 de mayo de 2012

Memoria contra la religión

Memoria contra la religión

 Memoria contra la religión, Jean Meslier, Editorial Laetoli, Pamplona, 721 p.

Esta es la obra de un cura ateo. Basta con leer el largo titular estampado en primera página. Así dice: “Memoria de los pensamientos y sentimientos de Jean Meslier, cura de Etrépigny y de Balaives, acerca de ciertos errores y falsedades en la guía y gobierno de los hombres, donde se hallan demostraciones claras y evidentes de la vanidad y falsedad de todas las divinidades y religiones que hay en el mundo, memoria que debe ser entregada a sus parroquianos después de su muerte para que sirva de testimonio de la verdad, tanto para ellos como para sus semejantes. Para dar testimonio a ellos y a los gentiles (Mateo 10:18)”.

Dice Guillaume Fourmont que Meslier fue uno de los mejores espías de la Historia . Sacerdote católico desde los 22 años hasta su muerte a los 65, en 1779. Alejado de los círculos intelectuales, toda su vida ejerció como cura en dos pueblecitos de la Champaña francesa, Etrépigny y Balaives, al norte del país. Nadie podía imaginar la doble vida de su párroco, atraído por las mujeres jóvenes y considerado en círculos católicos como el padre del ateísmo.

Meslier oficiaba misas con normalidad, predicaba sermones destinados a oyentes simples, confesaba al estilo ortodoxo de su Iglesia, impartía la comunión con la hostia usual. Todo rutinario, lo habitual. Nada más quitarse la sotana que vestía de día Meslier dedicaba las noches a leer la Biblia y a grandes autores franceses contemporáneos: Montaigne, Pascal, Descartes, Fenelón, teólogo de referencia en la Francia de los siglos XVII y XVIII. También devoraba páginas de filósofos griegos y latinos, Platón y Séneca entre ellos. Escribía mucho.

Poco después de su muerte se encontraron tres copias de un grueso manuscrito dirigido a sus feligreses, donde manifestaba su ateísmo . Copias de los manuscritos circularon como la pólvora en medios ilustrados. En 1762 Voltaire publicó una antología del texto con el título de TESTAMENTO. Por su parte, el barón Paul Henri Holbach (1723-1789), filósofo enemigo de todas las doctrinas religiosas, autor de EL CRISTIANISMO DESENMASCARADO, entregó a la imprenta un resumen de los manuscritos de Meslier al que puso por título EL SENTIDO COMÚN DEL CURA MESLIER.

Ahora, la editorial navarra Laetoli publica un grueso volumen que contiene la primera edición íntegra del texto escrito por Meslier . La versión castellana ha estado a cargo del escritor pamplonica Javier Mina; autor de varios libros, estudió literatura comparada en la famosa Universidad La Sorbona, de París. Julio Seoane, doctor en Filosofía por la universidad Autónoma de Madrid, con varios e importantes libros publicados, añade a la obra de Meslier un epílogo de 18 páginas. Según Seoane, “el clero es para Meslier el principal valedor de una organización del poder que desangra a los humildes e instaura una realidad de desigualdades sociales”. Esta crítica al clero y a las religiones instituidas fueron difundidas por Voltaire en el TESTAMENTO. Ideas siempre compartidas por quienes iniciaron la Revolución Francesa y escribieron LA ENCICLOPEDIA.

La primera víctima de Meslier es Dios . ¿Por qué se muestra “discreto” ante tanta injusticia y miseria humana pero, al mismo tiempo, pretende ser amado y adorado?; o existe y se burla de nosotros dejándonos en la ignorancia o no existe”.

Para Meslier las religiones son invenciones humanas . Una cosa tiene clara el autor: las religiones no pueden ser divinas todas ellas, “ya que se contradicen unas a otras y sus credos se contraponen, por lo que resulta evidente que, si se contradicen en sus principios y en su doctrina o sus puntos principales, no pueden ser verdaderas ni pueden, por tanto, provenir del mismo principio de verdad conocido por Dios”.

Servidor de una religión que pretende basar su infalibilidad en el apóstol Pedro y su origen en Jesús, Meslier escribe en plan rebelde y acusador. Afirma que lo mismo que se dice del resto de las religiones se puede decir, con absoluta seguridad, de la religión cristiana, apostólica y romana . La comunión según “la secta romana”, la pretensión de que la llamada hostia contiene el cuerpo y la sangre del Señor, le parece a Meslier el mayor de los absurdos, aunque él mismo practicara este rito durante casi toda su vida como cura de pueblo.

Pregunta el autor: “¿Cómo han conseguido persuadir a cerebros inteligentes de que el cuerpo y la sangre, el alma y la divinidad de un hombre que es Dios, se encuentran verdadera y realmente bajo la forma y el aspecto de una imagen de pasta muy pequeña y bajo la forma de una gota de vino, y que se encuentran al mismo tiempo en cada parte de esa imagen y en cada parte de esa gota de vino?”.

Originando o repitiendo una idea extendida entre los autores racionalistas de su tiempo, Meslier afirma que un Dios infinitamente perfecto, invulnerable e inalterable, no puede considerarse ofendido por los pecados de los hombres . “Si el ser humano fuera capaz de ofender a Dios con sus maldades, Dios sería el ser más ofendido, más maltratado, más ultrajado y más atormentado de todos los seres y por tanto el más infeliz y desgraciado”. Esta manera de pensar parece estar sustentada en palabras de Job a Dios: “Si he pecado, ¿qué puedo hacerte a ti, oh Guarda de los hombres?” (Job 7:20).

En sus conclusiones, Meslier tiene palabras fuertes, crudas y duras hacia sus colegas en el sacerdocio . Dice: “Deseo que todos los poderosos y los nobles de la tierra sean colgados y ahorcados con las tripas de los curas”, argumentos retomados por Carlos Marx y algunos líderes comunistas del ala más radical.
Un dato curioso: el cura Jean Meslier muere en 1729, cumplidos 65 años. Ninguna noticia se dio de su muerte. Tampoco se sabe dónde está enterrado. Su tumba nunca ha aparecido .

Se cree que fue sepultado en el templo de la iglesia a la que predicaba y más tarde llevado al castillo de Etrépigny, pueblo en el que vivió durante años. En 1884 se halló en este castillo una tumba sin nombre; se creyó que en ella reposaban los restos de quien la Ilustración francesa llegó a considerar como su profeta del ateísmo.

(vía protestantedigital.com)

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