lunes, 18 de junio de 2012

Las cartas comprometedoras de El Vaticano

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Desde que el libro de Nuzzi se publicó en Italia el pasado 25 de mayo, ha causado un verdadero terremoto mediático dentro y fuera del Vaticano

Redacción Web / Cynthia Rodríguez (proceso.com.mx)


El pasado martes 5, durante una audiencia general, Benedicto XVI se refirió al escándalo de la fuga de informaciónFoto: AP

Milán / Italia.- La mañana del 19 de octubre de 2011, el sacerdote mexicano Rafael Moreno llegó muy temprano al Vaticano. Su cita estaba ya agendada en el tercer piso del Palacio Apostólico con monseñor Georg Gäenswein, secretario particular de Joseph Ratzinger.

No estaría más de media hora, así que tenía que ser concreto, ir al grano sin perder tiempo.

Moreno no era uno de los tantos misioneros de América Latina que pasan a diario por el Vaticano. El sacerdote fue durante 18 años el asistente privado de Marcial Maciel, el fundador de la Legión de Cristo.

“De hace algún tiempo vive en Brasil, pero desde que su líder murió, Moreno vive atormentado, como si tuviera una daga clavada. Piensa que los asuntos que han tenido como protagonista a Maciel no han sido examinados con atención por la jerarquía vaticana…”.

De esta manera, el periodista Gianluigi Nuzzi narra en un capítulo de su más reciente libro, Su Santidad. Las cartas secretas de Ratzinger, la visita del asistente privado de Maciel a la santa sede. Lo hace a partir de una de las muchas notas y cartas que le fueron filtradas por “gente muy cercana al Papa”.

“Ese día –cuenta Nuzzi– el exasistente de Maciel quiere revelar una verdad que, según él, nunca han querido escuchar en el Vaticano y que para él significan secretos indecibles sobre los abusos de Maciel que cada día, con insistencia, resurgen en su conciencia”.

Gäenswein lo recibe, escucha la confesión, toma apuntes. El recuento es tan turbador que el secretario escribe todo en su lengua madre: el alemán. Pocas palabras, pero claras.

En nueve renglones queda lo que Moreno narra a Gäenswein: que en el 2003 intentó informar al Vaticano de la verdadera vida del fundador de los legionarios de Cristo, que “no lo escucharon ni le creyeron”, que Angelo Sodano, entonces secretario de Estado de la santa sede, ni siquiera le concedió la audiencia solicitada.

Gäenswein –quien escribió en una tarjeta timbrada con la leyenda Segretaria Particolare di Sua Santitá– tomó nota también de una confesión importante: Rafael Moreno “había destruido pruebas y material que incriminaba a Maciel”.

Nuzzi reflexiona: “Si el secretario de Maciel, que actualmente vive en Brasil, no miente, lo que contó significa que tres años antes de que el Papa castigara al fundador de los legionarios de Cristo, en el Vaticano se conocían detalles de su conducta”.

Maciel, quien murió alejado de la legión el 30 de enero de 2008, fue castigado por Benedicto XVI el 19 de mayo de 2006. El Papa lo obligó a “llevar una vida de oración y penitencia” por los abusos sexuales que cometió durante décadas contra seminaristas, así como por el uso de drogas y relaciones con mujeres, con las que tuvo varios hijos.

“Sin embargo –recuerda Nuzzi en su libro–, Benedicto XVI aseguró en el libro-entrevista La luz del mundo, del escritor alemán Peter Seewald, que sólo a partir del año 2000 se comenzaron a tener puntos de referencia concretos sobre Maciel y que era necesario tener pruebas ciertas para estar seguros de que las acusaciones tenían fundamento”.

Ratzinger reconoció hasta 2006 que “por desgracia” el caso fue afrontado “con mucha lentitud y retraso” debido a que Maciel “estaba muy bien cubierto”.
Nuzzi escribe: “Después del encuentro, que duró de las 9 a las 9:30 horas, Gäenswein despide a Moreno y se encierra en su oficina, relee sus apuntes como si quisiera sopesar cada palabra que deberá comunicar en breve a Ratzinger en un encuentro que ya sabe que será doloroso”.

El “hombre misterioso”

Desde que el libro de Nuzzi se publicó en Italia el pasado 25 de mayo, ha causado un verdadero terremoto mediático dentro y fuera del Vaticano.

La razón: el texto, de 319 páginas, da a conocer documentos reservados de Joseph Ratzinger. Todos ellos salieron de su habitación en la curia romana, un lugar donde poquísimas personas tienen acceso y donde se supone que éstas son de toda la confianza y siguen las normas de secrecía por tener el privilegio y la responsabilidad de atender a uno de los hombres más importantes e influyentes del mundo: el líder de la Iglesia católica.

Esas personas son: monseñor Georg Gäenswein, secretario personal; monseñor Alfred Xuareb, segundo secretario; cuatro mujeres laicas de la orden religiosa Comunión y Liberación, Loredana, Carmela, Cristina y Rossella, llamadas también “memores Domini”, y su mayordomo Paolo Gabriele, conocido en la sede vaticana como Paoleto, quien ayudaba al Papa a cambiarse de ropas y lo acompañaba –a pie o en vehículo– en sus paseos por los jardines del Vaticano o en sus recorridos por diferentes plazas de las ciudades del mundo que visita.

Las autoridades vaticanas iniciaron una investigación interna y detectaron que Gabriele, el mayordomo del Papa, fue quien filtró a Nuzzi y a otros periodistas las cartas y notas reservadas del pontífice. Fue arrestado el 23 de mayo por agentes de la gendarmería del Vaticano.

En su libro, Nuzzi no menciona a Gabriele por su nombre. Lo describe como un “hombre misterioso” que se debate para tomar una decisión que cambiará su vida: dar a conocer a todos la verdad de los santos palacios para que los “mercenarios” sean lanzados del templo.

“Mientras que a Joseph Ratzinger –señala Nuzzi– le duelen las rupturas que se están consumando en la curia romana y en la comunidad de los purpurados que ha salido más lastimada en los últimos consistorios, nuestro hombre está afligido por una elección de impacto más inmediato: tiene que decidir si lleva a cabo o no la misión con la verdad que decidió comenzar con la muerte de Karol Wojtyla, haciendo propia la enseñanza del sucesor, Benedicto XVI: ‘En un mundo donde la mentira es potente, la verdad se paga con el sufrimiento’”.

Dos días después de entregar los documentos, el “hombre misterioso” habría confesado a Nuzzi: “En algunos momentos de la vida se es hombre o no se es (…) ¿La diferencia? Viene sólo del valor de decir y hacer lo correcto, lo que se cree justo. Mi valor es dar a conocer las cuestiones más tormentosas de la Iglesia, hacer públicos algunos secretos, pequeñas y grandes historias que no superan el gran portón de bronce, sólo así logro sentirme libre sin la insoportable complicidad de quien aun sabiendo calla”.

Días tormentosos

Nuzzi narra en el inicio de su libro los días que vivió Ratzinger previos al cuarto consistorio de su papado, que se celebró el pasado 18 de febrero, cuando se eligió a 22 nuevos cardenales y comenzaron las filtraciones de los primeros documentos.

El 10 febrero el diario Il Fatto Quotidiano había publicado una carta donde se advierte de un posible atentado contra el Papa antes de noviembre de 2012. Dos semanas más tarde –el 25 de enero–, durante el programa de televisión Los Intocables que conduce el propio Nuzzi, éste dio a conocer otra carta privada que pone al descubierto la corrupción en el Vaticano.

En su libro Nuzzi retoma dicha carta y da a conocer otras más dirigidas al Papa. Están firmadas por el arzobispo Carlo María Viganó, secretario general de Gobernación del Vaticano, organismo encargado de las actividades económicas y administrativas de la santa sede, y en ellas se advierte que existen malos manejos en la gestión vaticana.

Por ejemplo, en una carta fechada el 27 de marzo del 2011 Viganó informa al Pontífice que a su llegada a Gobernación éste tenía un subejercicio de 8 millones de euros debido a transacciones poco transparentes. Detectó que en un solo día el Vaticano perdió 2.5 millones de euros en la “utilización” de empresas llamadas “aficionadas” para contratos de todo tipo.

De acuerdo con testimonios presentados primero en el programa Los Intocables y luego en su libro, Nuzzi señala que Viganó comenzó a limpiar la administración del Vaticano: desechó contratos y transparentó otros; ajustó gastos y disminuyó costos. El resultado: un año después el Vaticano tenía un saldo a favor de 34 millones 450 mil euros.

Sin embargo, Tarcisio Bertone, secretario de Estado, alejó a Viganó del Vaticano. El 19 de octubre de 2011 lo nombró nuncio apostólico en Estados Unidos.

En su libro, Nuzzi también da a conocer cartas sobre el caso de Dino Boffo, quien en el verano de 2009 renunció como director del diario católico Avvenire después de que Il Giornale, periódico propiedad de la familia Berlusconi, sugirió en editoriales que era homosexual y lo acusó de estar involucrado en casos de acoso sexual.

En diciembre de 2010 Boffo envió dos cartas a Georg Gäenswein, secretario particular de Ratzinger, y una más a monseñor Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI).

En ellas deja entrever que la campaña en su contra, que casi lo orilla al suicidio, no fue en realidad dirigida desde el entonces gobierno de Berlusconi, sino desde el propio Vaticano. Sostiene que los editoriales de Il Giornale intentaban golpear a los cardenales Angelo Bagnasco y Camilo Ruini, los principales dirigentes de la CEI, que le son cercanos y los cuales están enfrentados con Bertone.

“Reverendísimo Monseñor”, escribe Boffo en una larga carta fechada el 6 de enero del 2010 que manda por fax a Gänswein, “usted probablemente sabrá qué me sucedió entre el mes de agosto (2009) y hasta ahora; es decir, la dimisión de la dirección de Avvenire y de otros medios, obligado por una campaña denigrante lanzada por Vittorio Feltri, director de Il Giornale”.

En cinco páginas, Boffo dice que, tras una investigación que él mismo realizó, comprobó que Gian Maria Vian, director del Osservatore Romano, filtró las cartas en las que se afirma que él frecuentaba ambientes homosexuales. Señala que dicha filtración ocurrió con la anuencia del cardenal Bertone, lo que afectó las relaciones entre el gobierno del Vaticano y la CEI.

El caso Boffo, ampliamente difundido por la prensa italiana durante más de un año, no era reportado íntegramente en la síntesis informativa que la Secretaría de Estado, a cargo de Bertone, envía todos los días al Papa. Ratzinger se dio cuenta de ello por otras fuentes. Fue entonces cuando decidió iniciar una investigación interna, la cual estuvo a cargo de su fiel secretario Gänswein.

Nuzzi también rescata cartas de Ettore Gotti Tedeschi, quien hasta el pasado 24 de mayo fue presidente del Instituto para las Obras de la Religión (IOR, y que asume las funciones del Banco del Vaticano). En ellas se deja ver la lucha encarnizada que existe por las finanzas del Vaticano.

Gotti Tedeschi tenía el encargo directo del Papa de transparentar las cuentas de la banca vaticana para que éstas se ajustaran a las normativas europeas que impiden el lavado de dinero, pero su gestión fue siempre “resistida” por Bertone.

El próximo 2 de diciembre Bertone cumplirá 78 años. De acuerdo con el Derecho Canónico, debió jubilarse a los 75 años, “pero es el Papa quien decide y, a pesar de todo, lo ha dejado que siga dirigiendo, como también lo ha hecho con otros por muy polémicos que éstos sean”, explica Valerio Gigante, redactor de la agencia Adista, una cooperativa de laicos muy críticos que nació en 1967 después del Concilio Vaticano de ese año.

El pasado martes 5, durante una audiencia general, Benedicto XVI dijo en referencia al escándalo por la fuga de información de la Curia Romana: “Tengo tristeza en mi corazón pero también la certeza de que la Iglesia está guiada por el Espíritu Santo y el Señor no me dejará sin ayuda”.

Sin decir nombres, Benedicto XVI también aprovechó el momento para acallar los rumores cada vez más fuertes de que realizará cambios en su equipo más cercano: “Quiero renovar mi confianza y mi respaldo a mis más cercanos colaboradores y a todos aquellos que, con fidelidad, espíritu de sacrificio y en el silencio me ayudan a seguir logrando mi ministerio”.

(vía eltiempo.com.ve)

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