lunes, 14 de julio de 2014

La Iglesia asiática preocupada por la creciente violencia budista en Sri Lanka y Myanmar

El extremismo budista sorprende en una religión que hace de la no violencia un axioma central de su doctrina, sin embargo, algunos grupos están manifestando una querencia homicida, agresiva e intolerante bajo los ojos incrédulos de la comunidad internacional. El Vaticano se muestra preocupado ante la visita del Papa Francisco a Myanmar en enero de 2015
E líder budista birmano, Ashin Wirathu, que se define orgullosamente el "Bin Laden de Asia"
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El extremismo budista en Sri Lanka y Myanmar se está prodigando en algunos sectores de esta confesión. Puede nacer del temor al colonialismo, aunque detrás hay una mano política, según afirman los especialistas. El Vaticano está alarmado ya que el catolicismo es minoría en estos países y ya vive con dolor escenas de persecución de cristianos en otros países como Pakistán, India o Indonesia.

El budista es un extremismo que no se espera, derivado de una religión que hace de la no violencia un axioma central de su doctrina. Homicidios, agresiones, actos de intolerancia, bajo los ojos incrédulos de la comunidad internacional, se registran en esos dos países asiáticos, Sri Lanka y Myanmar, ambos de mayoría budista unida a la tradición espiritual Theravada, una de las primeras 19 escuelas que formaron el budismo original.

Monjes srilanqueses con la lanza en mano, gritan consignas de odio e intolerancia; un líder budista birmano, Ashin Wirathu, que se define orgullosamente el "Bin Laden de Asia", se gana la portada de "Time" como el nuevo "rostro del terror budista"; familias agredidas y asesinadas, en ambas naciones, sólo porque son de religión musulmana, o iglesias y fieles atacados sólo porque siguen a Cristo. Incluso un monje budista, Wataraka Vijitha Thero, artesano del diálogo, fue seguido y golpeado por sus "compañeros" en la antigua Ceilán por ser considerado un "traidor".

Este resurgimiento del extremismo budista es una nota amarga para la Iglesia católica, que en los dos países en cuestión es una religión minoritaria (7% en Sri Lanka, y el 1% en Myanmar) y participa activamente en el diálogo interreligioso. Cada vez más estos episodios, que no parecen disminuir, son motivo de preocupación porque del 13 al 15 de enero de 2015 Sri Lanka recibirá al Papa Francisco, jefe de Estado pero también jefe religioso, líder universal de la fe que los colonizadores, primero los portugueses y después los británicos, impusieron hace 400 años en el subcontinente hindú.

Indunil Janaka Kodithuwakku, srilanqués, con sólidos estudios en sociología y misionología, hoy subsecretario del Pontificio Consejo para el Diálogo interreligioso, en conversación con Vatican Insider no esconde sus temores, pero insiste: "En Sri Lanka los budistas violentos son solo pequeños grupos, detrás de los cuales está a menudo la mano invisible de la política. Muchos otros monjes e importantes líderes han condenado públicamente la violencia y promueven una nación pluralista e incluyente". ¿Pero por qué esta explosión de intolerancia? "Es necesario ver el fenómeno desde el punto de vista histórico", continúa don Janaka. "El budismo se ha revelado un factor crucial para definir la identidad cingalesa. El colonialismo es una herida histórica todavía abierta: durante cuatro siglos la mayoría srilanquesa ha sido oprimida y se ha liberado después gracias a la decisiva contribución del budismo. Hoy está cada vez más extendida una especie de psicosis hacia otras religiones como la islámica o la cristiana. En 2004, por ejemplo, fue propuesta una ley, relanzada en 2012, que impedía la conversión de una religión a otra. Los budistas de hoy quieren salvaguardar la cultura del país, de la que su religión es un elemento esencial. Por este motivo algunos grupos promueven una interpretación de la doctrina de Buda que llega erróneamente a justificar la violencia".

En tal difícil contexto, continúa el subsecretario, "la Iglesia srilanquesa, como minoría, se mueve con extrema cautela. Ha vivido momentos de sufrimiento, con la expulsión de los misionarios y la nacionalización de las escuelas e institutos católicos en 1960. El desafío hoy es el del diálogo: existen muchas iniciativas conjuntas entre budistas, cristianos y musulmanes que no son noticia. A nivel de base, va hacia adelante en la sociedad un “diálogo de vida”, entre personas y familias, que deja lugar a la esperanza".

Contactado también por Vatican Insider, el venerable Dhammajothi Thero, respetado líder budista, profesor en la universidad de Colombo, y profundamente involucrado en el diálogo entre religiones, explica: "Como líderes religiosos, desaprobamos cualquier forma de violencia: Sri Lanka es un país en el que budistas, hindúes, cristianos, musulmanes pueden vivir en armonía, sin divisiones étnicas y religiosas". Por esto Thero invita a la población "a no dejarse influenciar de quien quiere perturbar la armonía, y continuar por el camino de la fructífera convivencia que desde siempre ha caracterizado la nación".

En cualquier caso "el budismo no es una excepción respecto al peligro del fundamentalismo presente en todas las tradiciones religiosas", asegura Riccardo Venturini, presidente del Centro italiano de cultura budista en Roma. "Se legitima la violencia en acciones que serían “para un buen fin”, como sucedió en el pasado con las cruzadas cristianas o el fanatismo islamistas, allí donde los instintos de identidad se hacen cargo de las respectivas tradiciones espirituales". Venturini recuerda que "también en los años 30 y 40 del pasado siglo, el budismo zen japonés (de la tradición Mahayana) estaba a favor de la invasión de China y era partidario de un militarismo del que nunca ha renegado".

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