lunes, 24 de noviembre de 2014

Las personas muy religiosas están menos motivadas por la compasión que las no-creyentes

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“Ama a tu prójimo” se predica desde muchos púlpitos. Pero una nueva investigación de la Universidad de California, Berkeley, sugiere que las personas muy religiosas están menos motivadas por la compasión cuando ayudan a un extraño que los ateos, agnósticos o las personas menos religiosas.

En tres experimentos, científicos sociales encontraron que la compasión llevó a las personas menos religiosas a ser más generosas.  Sin embargo, entre las personas más religiosas la compasión estuvo lejanamente relacionada con su generosidad, de acuerdo con los hallazgos publicados en la edición más reciente de la revista Ciencia Social, Psicológica y de Personalidad [Social Pscychological and Personality Science].

Los resultados cuestionaron una suposición generalizada de que las acciones de generosidad y caridad están motivadas por sentimientos de empatía y compasión, dijeron los investigadores. En el estudio, el vínculo entre la compasión y la generosidad fue más firme entre aquellos que se dijeron ser no religiosos o menos religiosos.

“En conjunto, encontramos que para las personas menos religiosas, la fuerza de la conexión emocional con otra persona es crítica en cuanto a si se va a ayudar a esa persona o no”, dijo el psicólogo social Robb Willer de la Universidad de California, Berkeley, coautor del estudio. “Por otra parte, las personas más religiosas pueden basar su generosidad menos en la emoción y más en otros factores como la doctrina, una identidad comunal o por preocupación con su reputación”.

La compasión es definida en este estudio como una emoción que las personas sienten cuando ven el sufrimiento de otros, lo que les motiva a ayudar muchas veces a pesar de algún riesgo personal o de algún costo.

El estudio examinó el vínculo entre religión, compasión y generosidad, pero no se examinaron directamente las razones por las cuales las personas más religiosas actúan menos motivadas por la compasión para ayudar a otros. Sin embargo, los investigadores tienen la hipótesis de que las personas profundamente religiosas pueden estar guiadas más fuertemente por un sentido de obligación moral que las personas no religiosas.

“Tenemos la hipótesis de que la religión puede cambiar el cómo la compasión impacta la conducta generosa”, dijo la autora líder del estudio Laura Saslow, quien condujo la investigación como una estudiante de doctorado de la UC Berkeley.

Saslow, quien ahora es becaria de postdoctorado en la Universidad de California San Francisco, dijo que su inspiración para realizar esta pregunta surgió después de que un amigo suyo, altruísta y no religioso, se lamentó porque sólo había donado a la reconstrucción de Haití después del terremoto, cuando vió un video emocionalmente conmovedor sobre el rescate de una mujer de los escombros y no por una comprensión lógica de que en ese lugar se necesitaba ayuda.

“Me interesó el saber que esta experiencia –la de un ateo que fue influenciado fuertemente por sus emociones para mostrar generosidad hacia un extraño—fue reproducida en tres extensos y sistemáticos estudios”, dijo Saslow.

En el primer experimento, los investigadores analizaron datos de una encuesta nacional realizada en el año 2004 entre más de 1,300 adultos Americanos. Aquellas personas que estuvieron de acuerdo con una afirmación como “Cuando veo que se están aprovechando de alguien, me siento como protector hacia esa persona”, también estuvieron más inclinadas a mostrar generosidad en actos de bondad al azar, como prestar sus pertenencias u ofrecer su lugar en un autobús o en un tren, encontraron los investigadores.

Cuando se observó qué tanto la compasión motivó a los participantes a ser caritativos en formas como dar dinero o comida a una persona sin hogar, los no-creyentes y los menos religiosos estuvieron en primer lugar: “Estos descubrimientos indican que aunque la compasión está asociada con ser pro-social tanto entre los menos religiosos como entre los muy religiosos, esta relación es particularmente sólida entre los individuos menos religiosos”, se encontró en el estudio.

En el segundo experimento, 101 adultos Estadounidenses miraron uno de dos videos breves, un video neutral y otro desgarrador, que mostraban a niños afectados por la pobreza. Después, se les dio 10 “dólares de laboratorio” y se les pidió que dieran cualquier cantidad de ese dinero a un extraño. Las personas menos religiosas parecieron motivadas por la carga emocional del video para dar más de su dinero a un extraño.

“El video inductor de la compasión tuvo un gran efecto en la generosidad”, dijo Willer. “Pero no cambió significativamente la generosidad en los participantes muy religiosos”. En el último experimento, más de 200 estudiantes universitarios fueron solicitados a reportar qué tan compasivos se sentían en ese momento. Después jugaron “juegos de inversión económica” y se les dio dinero para compartir –o no—con un extraño. En la primera ronda se les dijo que otra persona que estaba jugando les había dado una porción de su dinero, y que ellos eran libres de decidir si querían premiarlo dándole de regreso una parte de ese dinero, que se había duplicado.

Aquellos que calificaron bajo en religiosidad y alto en compasión momentánea, estuvieron más dispuestos a compartir sus ganancias con extraños que los otros participantes del estudio.

“En conjunto, la investigación sugiere que aunque a las personas menos religiosas se les tiene menos confianza en los EE.UU., cuando se sienten compasivas pueden estar más inclinadas a ayudar a otros ciudadanos que las personas más religiosas”, dijo Willer.

Además de Saslow y Willer, otros co-autores del estudio fueron los psicólogos Dacher Keltner, Matthew Feinberg y Paul Piff de la UC Berkeley; Katharine Clark de la Universidad de Colorado, en Boulder; y Sarina Saturn de la Universidad del Estado de Oregon.

El estudio estuvo financiado con subsidio del Centro de Ciencia para un Bien Mayor de la UC Berkeley [Greater Good Science Center], del Centro para la Economía y la Demografía del Envejecimiento de la UC Berkeley, y del Instituto Metanexus [en Nueva York].


Por: University of California – Berkeley

(vía sciencedaily.com)

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