domingo, 1 de enero de 2012

Nigeria ante el espectro de una guerra religiosa

Siguen muriendo los heridos en el triple atentado cometido el día de Navidad contra cristianos de Nigeria que salían de la iglesia y, aún antes de que se conozca el saldo definitivo de la matanza, ya hay peligro de venganzas.

El atentado de Navidad fue reivindicado por un vocero del grupo islamista Boko Haram, lo que incrementa el riesgo de que se reanude el ciclo de represalias entre las comunidades religiosas en un país de 160 millones de habitantes, donde la mezcla es la regla, si bien en el sur predominan los cristianos y en el norte, los musulmanes.

De hecho el viernes una bomba explotó cerca de una mezquita matando cuatro personas.

Dos días antes, el martes 27, se lanzó otro atentado contra una escuela en el sur del país, en un barrio de mayoría musulmana en Sapele, pequeña ciudad en el delta del río Níger. Fue lanzada en plena hora de clases e hirió a seis niños, de cinco a ocho años de edad, y a un adulto.

Esto pudo haber sido un acto de venganza o un nuevo intento de echar a andar la violencia entre las comunidades.

MILES DE MUERTOS

En Nigeria, los actos de violencia interconfesional han causado miles de muertos. “Tenemos el miedo de que la situación degenere en una guerra de religión y de que Nigeria no sobreviva como entidad unida”, expresó Saidu Dogo, secretario de la Asociación de Cristianos de Nigeria (CAN) en la región norte del país.

El presidente de la CAN, el reverendo Ayo Oritsejafor, advirtió el miércoles en una entrevista con el Jefe de Estado nigeriano, Goodluck Jonathan, que “la comunidad cristiana de todo el país no tendrá más opción que responder de manera apropiada si hay otros ataques contra nuestros miembros, nuestras iglesias y nuestros bienes”.

Ése es sin duda el efecto deseado por los autores del atentado: mezclar las responsabilidades, alimentar el odio entre la población.

combates en las calles

Uno de los tres atentados de Navidad tuvo lugar en Damaturu, en el noreste del país, donde desde hace varios días han ocurrido feroces combates en las calles entre insurgentes islamistas y las fuerzas del Gobierno, que cercaron barrios enteros desplegando vehículos blindados.

Según el Jefe del Estado mayor del Ejército nigeriano, el teniente general Azubuike Ihejirika, en Damaturu han muerto más de cincuenta miembros de Boko Haram desde el principio de esta semana.

En noviembre, los hombres de Boko Haram ya habían lanzado una serie de ataques en esa ciudad, teniendo como blancos las iglesias, los puestos de policía e incluso, en algunos casos, a transeúntes que salían de las mezquitas. Se contaron alrededor de 150 muertos.

Un vocero del grupo, Abou Qaqa, advirtió entonces que “seguirían los ataques contra los órganos del gobierno federal hasta que las fuerzas de seguridad dejen de perseguir a nuestros miembros y a los ciudadanos vulnerables”.

INSTRUMENTALIZACIÓN DE LA VIOLENCIA

Y las fuerzas del orden tienen la mano pesada. Después de la explosión de una bomba en un mercado de Maiduguri (capital del estado de Borno, en el noreste del país), en julio, que hirió a tres soldados, la asociación Amnistía Internacional recogió informes que permitieron establecer que, como represalia, “la fuerza conjunta nigeriana disparó y mató a cierto número de personas, aparentemente al azar, antes de prenderle fuego al mercado”. En total perecieron 23 personas sin ninguna relación con la comisión del atentado.

La violencia se intensificó durante diciembre y se han multiplicado sus focos, como si Boko Haram le apostara a su generalización.

Las represalias pueden ser más mortíferas que los actos que las provocan. En muchos casos, los jerarcas religiosos se encargan de calmar los ánimos, mientras los políticos tratan de instrumentalizar la violencia en provecho propio.

¿desestabilizar al gobierno?

¿Habrá entre los políticos del norte, cada vez más marginados y a quienes escapan el poder y sus recursos, la tentación de apostarle al caos?

Richard Oguche, portavoz de la policía en el Estado de Níger, cerca de Abuja, donde tuvo lugar el atentado más mortífero contra la iglesia católica de Santa Teresa, lo asegura: “Estamos buscando a los responsables del atentado más allá de Boko Haram, pues hay otras personas que se esfuerzan por desestabilizar al Gobierno y que, para lograrlo, hacen las cosas a nombre de ese grupo”.

Un senador del estado de Borno, Mohammed Ali Nduma, acusado de ser uno de los cerebros del grupo, fue arrestado en noviembre por los servicios secretos.

Desde el año 2000, a raíz del regreso a la democracia, en los estados del norte se ha ido imponiendo la ley islámica, llamada “Sharia”. Han estallado conflictos religiosos provocando miles de muertos.

“El peor derramamiento de sangre ocurrido desde la guerra civil (1967-1970)”, declaró el Presidente de ese tiempo, Olusegun Obasanjo.

Cristianos y musulmanes se enfrentaban también en las épocas electorales, signo de que la violencia estaba manipulada, al menos en parte.

El Boro Haram

En 2002, en una mezquita de Maiduguri, un grupo de fieles reunidos en torno del predicador Mohammed Yusuf formó el Jama’atu Ahlu Sunna Lidda’awati wal Jihad (“Pueblo comprometido en la propagación de la enseñanza del Profeta y de la Jihad”), más conocido con el nombre de Boko Haram (“La enseñanza occidental es impura”).

Algunos de sus miembros habían sido parte de los “talibanes nigerianos”, grupo que, pese a su nombre, se ha mantenido al margen y sin contactos en Afganistán y que creado sobre las bases de un movimiento islamista aparecido hace veinte años en Kano, llamado Maitatsine.

Bajo el mando de Mohammed Yusuf, Boko Hartam creció en tamaño y lanzó ataques para financiarse y armarse. En 2009 estuvo a la cabeza de una pequeña insurrección en la región de Maiduguri. La respuesta de las fuerzas de seguridad fue muy severa. Hubo entre 700 y 800 muertos y fueron ejecutados numerosos prisioneros, entre ellos Mohammed Yusuf y dos de sus comandantes.

Los sobrevivientes se replegaron hacia los países vecinos, en especial el Chad y el Níger, para recuperar fuerzas, reorganizarse y regresar.

En 2010, Boko Haram reanudó sus actividades en Nigeria atacando bancos y estaciones de policía. Y ahora también atentados suicidas con autos bomba.

En el curso de 2011, estableció un clima de insurrección permanente en los estados del norte del país.

(vía http://www.lanacion.cl/nigeria-ante-el-espectro-de-una-guerra-religiosa/noticias/2011-12-30/175430.html)

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