martes, 14 de febrero de 2012

"No podemos deshacernos de Dios de una forma demasiado brusca"

"No podemos deshacernos de Dios de una forma demasiado brusca"

Alain de Botton en la sede de la Agencia Espacial Europea en 2007. (Corbis)

Miguel Ayuso 

Hace dos semanas, el filósofo y escritor suizo Alain de Botton, se coló en todos los diarios de Reino Unido tras anunciar su intención de construir un ‘templo ateo’ en la City de Londres, el centro financiero de la capital. De Botton, que reside en Reino Unido desde su época de estudiante, se dio a conocer por sus libros de divulgación filosófica y artística, algunos de ellos superventas en Reino Unido, como Essays in Love, del que se ha hecho incluso una película. De Botton es un creador prolífico y siempre en busca nuevos proyectos. En 2008, fundó una institución educativa en el centro de Londres llamada The School of Life, donde se ofertan cursos y talleres en torno a la filosofía y la psicología, y en 2009 se embarcó en un proyecto de promoción arquitectónica conocido como Living Architecture. De Botton nunca había sido un personaje polémico. Hasta ahora. Su idea del 'templo ateo' ha levantado ampollas entre los pensadores ateos y las jerarquías religiosas a partes iguales y su “conciliadora” visión del ateísmo le ha valido las críticas del más famoso activista ateo, Richard Dawnkis, al que el propio De Botton acusó de fomentar un ateísmo demasiado agresivo.

De Botton ha reconocido a El Confidencial que su proyecto del ‘templo ateo’ ha enfadado a mucha gente “buena e inteligente” y quiere resarcirse: “Mi idea, tal como la concibo, es inherentemente no contenciosa, está claro que me he explicado tremendamente mal y pido perdón”. ¿En qué consiste entonces el templo? “Mi punto de partida”, explica el filósofo, “es que muchos edificios religiosos son poderosas obras de arquitectura: incluso ateos comprometidos, como yo, reconocen que muchas catedrales, mezquitas, templos e iglesias son extremadamente exitosos y seductores como edificios”.

“Mi propuesta es que la arquitectura contemporánea mire más de cerca a la religiosa” De Botton explica que como ateo –y deja claro una y mil veces que es ateo, pues más de uno le ha acusado de no serlo– no puede creer en la explicación sobrenatural de que las grandes obras de la arquitectura religiosa están detrás de la mano de Dios, pero puede analizar el poder que tienen en términos como masa, escala, materiales, acústica, calidad del aire… “Mi propuesta”, explica De Botton, “es que la arquitectura contemporánea mire más de cerca a la religiosa, para dar a sus edificios algunas de las cualidades que son más sugerentes de esta; en definitiva, que estos elementos no se limiten sólo a la arquitectura religiosa”. En su opinión, la idea de crear arquitectura contemporánea de inspiración religiosa no es nueva, y cita nombres como Louis Khan, Tadao Ando o Peter Zumthor. “En el terreno del arte”, según de Botton, “James Turrell ha explorado el mismo terreno, así como lo hizo Mark Rothko, con su sobrecogedora capilla de Texas.” En opinión del filósofo, el trabajo de estos artistas –en especial la obra de Turrell– rompe la línea que separa un museo, un observatorio y una capilla de meditación de una forma fascinante, y eso es precisamente lo que quiere lograr con su templo, pero cree que no se ha entendido bien la idea: “La gente ha imaginado que quizás estaba interesado en rezar a una deidad inexistente o en crear un tipo nuevo de culto. Nada tan dramático o insano está sobre la mesa. El término de ‘templo ateo’ lo pensé a modo de juego, algo de lo que me arrepiento, pero se ha interpretado de forma literal.”

Un acercamiento a las religiones desde el ateísmo

En su último trabajo, Religión para ateos, De Botton realiza un recorrido por las religiones mundiales buscando qué aspectos positivos pueden extraerse de cada una de ellas. Según ha explicado a El Confidencial, el objetivo principal del libro es alertar a los ateos de ciertos peligros que puede acarrear la ausencia de creencias: “Para mí, creer en Dios es, como para mucha gente, simplemente imposible. Al mismo tiempo creo que acabar con las creencias religiosas entraña algunos riesgos concretos, en los que no es necesario caer. Para empezar, existe el peligro del individualismo, de creer que el ser humano es el centro de todo. En segundo lugar, hay un peligro en el perfeccionismo tecnológico. En tercer lugar, sin Dios es más fácil perder la perspectiva, podemos ver nuestro  propio tiempo como si fuera el único, olvidar lo breve que es el momento presente y dejar de apreciar (en el buen sentido) la minúscula naturaleza de nuestros logros. Por último puede existir el peligro de que se pase por alto la necesidad de empatía y de tener un comportamiento ético”. De Botton cree que es posible dejar a un lado las creencias religiosas sin olvidarse de estas lecciones vitales que, según él, podrían olvidarse sin nos deshacemos de Dios de forma demasiado brusca.

“Sin Dios es más fácil perder la perspectiva” En sus conferencias De Botton se refiere a su concepción conciliadora del ateísmo como “ateísmo 2.0”, una aproximación en la que se integran elementos de todas las religiones. Según el filósofo, hemos inventado las religiones para solventar dos necesidades centrales de la humanidad, que la sociedad secular no es capaz de resolver de forma concreta: “En primer lugar, la necesidad de vivir juntos en comunidades armónicas, a pesar de nuestros arraigados impulsos egoístas y violentos. En segundo lugar, la necesidad de hacer frente al dolor que surge de nuestra vulnerabilidad al fracaso profesional, a las relaciones difíciles, al fallecimiento de seres queridos, así como a nuestra propia decadencia y muerte”. “Puede que Dios esté muerto”, expone De Botton, “pero las necesidades que nos llevaron a creer en él siguen demandando soluciones que no van a desaparecer por haber encontrado algunas imprecisiones científicas en la parábola de los panes y los peces”.

Una guerra abierta entre ateos y creyentes

Una crítica común de muchos ateos al pensamiento de De Botton es que tiende una mano a la religión con su postura conciliadora, pero no crítica su intolerancia con los ateos. De Botton se defiende explicando que su estrategia va a molestar a los partidarios de ambos lados del debate: “Los religiosos se ofenden por el examen brusco, selectivo y no sistemático que hago de sus credos. Las religiones no son buffets libres, van a protestar por seleccionar unos elementos y no otros. Lo que no entienden, es que la perdida de fe de muchas personas se debe a su irrazonable insistencia en que sus adeptos se coman todo lo que está en el plato. Los ateos militantes, por el contrario, también podrían sentirse indignados por mi enfoque, que trata a la religión como una piedra angular de nuestro anhelos, tal como creo que merece. Se preguntarán porque alguien que se declara reacio a aceptar muchas facetas de la religión, aún tendría que desear asociarse a un tema que exige tanto compromiso como la fe”.

De Botton cree que la humanidad se dirige a un mundo sin religiones, pero siente nostalgia. “¿Cómo es posible no sentir nostalgia cuando se mira un fresco del siglo XV o los rituales de un antiguo carnaval?”, exclama. La solución, aprender de las religiones: “Me frustra que la gente diga cosas como ‘Bueno, sí que hacían grandes construcciones en el siglo XV, ahora es imposible…’ ¿Por qué? Nada es imposible. No debemos sentir nostalgia de la religión, debemos aprender de ella. Debemos robarle elementos”. 

(vía elconfidencial.com)

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