viernes, 2 de marzo de 2012

El bien menos Dios: la moral atea

Artículo de Louise M. Antony publicado en The New York Times. Antony imparte clases de filosofía en la Universidad de Massachusetts. Escribe sobre problemas de género, la mente y, más recientemente, sobre filosofía de la religión. Editó en 2007 el libro 'Filósofos sin dioses', una antología de ensayos por filósofos ateos. El título original de este texto es un juego de palabras: 'Good Minus God: The Moral Atheist'.

Quedé entusiasmada al leer recientemente que los ateos ya no son el grupo más repudiado en Estados Unidos: según los científicos Robert Putnam y David Campbell, hemos sido superados por el Tea Party. Pero mientras lanzaba porras a mis compañeros apóstatas (¡Estamos en segundo lugar!, ¡estamos en segundo lugar!), me pregunté de nuevo: ¿por qué tanta gente está en contra de los ateos?

Percibo que muchos creen que ateísmo implica nihilismo- que rechazar a Dios significa rechazar la moral. Una persona que niega a Dios, razonan, debe de ser, si no mala en acto, al menos indiferente a consideraciones sobre el bien y el mal. Pues, ¿por qué el diccionario incluye 'maldito' como sinónimo de 'ateo'? ¿Y no es verdad que Dostoievski dijo que 'Si Dios está muerto, todo está permitido'?

No es así (y conste que Dostoievski no dijo que lo fuera). El ateísmo no implica nada.

Sin embargo, admitamos: algunos ateos son nihilistas (desafortunadamente, son los que más llaman la atención). Pero su repudio de la moral deriva de un cinismo previo hacia la ética. Según los ateos nihilistas, la 'moral' es un cuento de hadas que sirve para controlar en lo posible nuestro egoísmo bestial. La creencia en deberes y prohibiciones debe caer al comprender que no hay un retribuidor en el más allá. Sólo contamos con el egoísmo más o menos ilustrado.

El anterior es un punto de vista hobbesiano: en el estado natural, no hay lugar para 'las nociones de bueno o malo, justo o injusto'. Pero ningún ateo tiene por qué estar de acuerdo con esta visión de la moral, y muchos no lo estamos. Nosotros, 'ateos moralistas', no vemos el bien y el mal y sus respectivas consecuencias como premios y castigos de un chantaje divino. Más bien afirmamos que los valores son inmanentes en la naturaleza; se desprenden de la vulnerabilidad de los seres sentientes y de la capacidad de los seres racionales para reconocer y responder a esas vulnerabilidades y capacidades de los otros.

Esta visión de la base de la moral es altamente compatible con las creencias religiosas. En verdad, todos aquellos que creen que Dios creó a los seres humanos a Su imagen y semejanza convienen en que hay una dimensión moral en las cosas y que somos capaces de aprehenderla porque hemos sido hechos a la imagen de la divinidad. Así, muchos teístas (como muchos ateos) creen que hay un valor moral inherente al ser. Las cosas no son buenas porque Dios las prefiera; Dios las prefiere porque son buenas. Al menos eso me enseñaron de niña (crecí católica): podemos ver que Dios es bueno por las cosas que nos manda hacer. Si ayudar a los pobres no fuera bueno en sí, no 'adornaría' a Dios decir que la caridad es un deber.

Podrá sorprender a algunas personas saber que los creyentes toman esta posición, pero no debería ser así, porque esta postura no solamente es consistente con creer en Dios; es, sostengo, una posición más devota que la opuesta. Sólo si la moral es independiente de Dios podemos tener una base moral para cumplir sus mandamientos.

Permítame explicar las razones. Primero examinemos con rigor las consecuencias de subordinar la moral a la existencia de Dios. Consideremos estos cuatro juicios morales (que me parecen obviamente ciertos):

  • Está mal sacar de sus casas a las personas o matarlas para quedarnos con sus tierras.
  • Está mal esclavizar a la gente.
  • Está mal torturar a los prisioneros de guerra.
  • Quienquiera que atestigüe un genocidio, esclavización o tortura, tiene la obligación moral de intentar detenerlo.

Decir que la moral depende de la existencia de Dios equivale a decir que ninguno de los anteriores juicios morales es verdadero a menos que Dios exista. Me parece una afirmación notable. Si resulta que Dios no existe, ¿sería buena la esclavitud? ¿No habría nada malo en la tortura? ¿El dolor de otro ser humano no significaría nada?

Pensemos ahora en nuestras relaciones personales -en cómo queremos a nuestros padres, hijos, compañeros de vida, a nuestros amigos. Decir que el valor moral de estos individuos depende de la existencia de Dios es lo mismo que decir que estas personas no valen nada en sí mismas. Que la preocupación que sentimos por su bienestar no tiene mayor significado ético y equivale a la atención que mucha gente brinda a sus yates o carros. Significa que las relaciones históricas que valoramos, los rasgos de carácter y personalidad que amamos no son nada en sí mismos. Nuestra preocupación por los demás está justificada sólo por alguien más: Dios. (Imagine decirle a su hijo: 'No eres digno de amor por ti mismo. Sólo te quiero porque amo a tu padre, y mi deber es amar lo que él ama).

¿Qué puede provocar que alguien piense así?  Irónicamente, la respuesta es: la misma imagen de moralidad que tiene el nihilista ateo. La única clase de 'obligación' posible es la que se logra con promesas de recompensa, amenazas y castigos. Esa cosmovisión no halla valor intrínseco en los seres. Para alguien que piensa que el dolor del prójimo no es en sí mismo una razón para ayudar, o que el bienestar del ser amado no basta para sacrificarse, sólo Dios soberano queda entre nosotros y la guerra de todos contra todos, como dijo Hobbes.

Parecerá un juicio severo sobre muchos teístas que suscriben la Teoría de los mandamientos divinos -sostienen que lo moralmente bueno es lo que Dios ordena. Defensores de esta teoría dicen que explica muchas cosas que los estudiosos de la moral ateos no pueden justificar, y por esto es preferible creer en Dios. Por ejemplo, argumentan que los ateos no pueden explicar la objetividad de la moral -cómo puede haber verdades morales independientes de las actitudes, voluntad o conocimiento del ser humano, y cómo las verdades morales tienen valor universal. Es verdad que la Teoría de los mandamientos divinos puede explicar estos asuntos. Si Dios existe, existe independientemente de los seres humanos y sus actitudes. Lo mismo sus mandamientos. Si no inventamos a Dios, entonces tampoco inventamos sus mandamientos, de lo cual se sigue que tampoco inventamos la moral. Podemos ignorar la voluntad de Dios y así confundirnos acerca de qué es moralmente bueno. Debido a que Dios es Omnipresente, sus mandamientos valen para t oda la gente, todo el tiempo y en cualquier lugar.

Cualquier cosa que los dioses amen -¡eureka!- es piadosa. Pero ¿y si cambian de opinión?

De la Teoría los mandamientos divinos se sigue que los hechos morales son objetivos. El problema es que no se sigue que los hechos sean morales. Los mandamientos de un tirano tendrían su sello. Si la Teoría de los mandamientos divinos quiere explicar la Moral, también debe explicar qué es lo que hace bueno a Dios.

El problema que señalo es antiguo, lo expuso Platón. En su diálogo 'Eutifrón', éste intenta explicar a Sócrates su concepto de piedad: 'Los actos piadosos son aquellos que los dioses aman'. Pero Sócrates encuentra que la definición es ambigua y revira: '¿Los actos piadosos son piadosos porqe los dioses los aman o los dioses los aman porque son actos piadosos?.'

¿Cuál es la diferencia? Si la primera lectura es correcta, es el amor de los dioses lo que da a un acto su cualidad de piadoso. Según esta alternativa, 'piadoso' es 'algo que los dioses aman'. Cualquier acto que los dioses amen -¡eureka!- es piadoso. Si los dioses cambian de preferencias por capricho (y eso hacían, si Homero sabía su trabajo), las acciones piadosas son otras. En contraste, en la segunda interpretación de Sócrates, los actos píos tienen una propiedad sustancial y distintiva en virtud de la cual los dioses los prefieren, una propiedad que explica por qué los dioses los aman.

La teoría que apoya la segunda opción -llamémosla 'Teoría de la independencia de la divinidad'- sostiene que la bondad de una acción es independiente y antecedente a la voluntad de Dios. Dios pudo ordenar esta acción o su opuesta, pero, de hecho, Él sólo ordena la buena.

Tanto la Teoría de los mandamientos divinos como la 'Teoría de la independencia de la divinidad' hallan una correspondencia perfecta entre las clases de acciones que Dios ordena y las clases de acciones buenas. La Teoría de los mandamientos divinos dice que el mandato de Dios explica por qué los actos son buenos -por definición. Aquí 'bondad' no tiene contenido independiente. Decir que Dios elige el bien es como decir que el primer meridiano está a cero grados de longitud. En cambio, la Teoría de la independencia de la divinidad' establece que la bondad esencial de una acción explica por qué Dios la ordena. Detalla que la bondad de Dios consiste en que siempre escoge lo bueno. Captamos la bondad moral y es por eso que podemos apreciar la bondad de Dios.

La Teoría de los mandamientos divinos es aun más radical y bizarra que el nihilismo hobbesiano ya mencionado. Desde una perspectiva nihilista no se supone que un poder soberano genere obligación moral -la 'moralidad' sería una ilusión. Pero la Teoría de los mandamientos divinos insiste en que los valores dependen de lo que Dios mande. Cualquier acto puede ser 'bueno', 'correcto' o 'malo'. Si Dios ordena que se coma Usted a sus hijos, sería 'bueno' comérselos.

Las consecuencias son pasmosas desde el punto de vista religioso. Si 'moral' significa 'ordenado por Dios', no podemos tener razones morales para obedecerlo. Lo obedeceríamos por prudencia, por nuestro propio interés. Dios es extremadamente poderoso y puede hacernos sufrir si lo desobedecemos, pero lo mismo puede decirse de los tiranos, y no tenemos obligación moral (hablando en términos ordinarios) de obedecer a los tiranos (incluso podemos tener la obligación moral de desobedecerlos). Lo mismo sucede en cuanto a adorar a Dios. Podemos considerar conveniente halagar o aplacar a una persona tan poderosa, pero Dios no merecería ni alabanza ni tributo.

En este sentido estimo más piadoso considerar que la moral es independiente de la existencia de Dios. Si el término 'bueno' no es un epíteto vacío que le colgamos al Creador, quienquiera o lo que sea resulte ser, los hechos sobre lo que es bueno deben ser independientes de otras propiedades de Dios. Si lo 'bueno' ha de tener fuerza normativa, debe ser algo que podamos entender aparte de lo que mande un ser omnipotente y omnipresente.

¿Y los ateos? Creo que lo ya expuesto pone en claro que la capacidad de comprender la dimensión moral de nuestros actos no tiene nada que ver con nuestras creencias religiosas. Nuestros aliados más confiables en cualquier batalla moral serán quienes respondan a la dimensión ética de la vida, ya sea que la conciban en términos religiosos o no. No se pierde la moral al renunciar a Dios y no se la encuentra necesariamente al hallarlo a Él.

Quiero concluir concediendo que hay cosas que uno pierde al renunciar a Dios. Y no son cosas insignificantes. Lo más importante: se pierde la garantía de redención. Suponga que comete Usted una acción moralmente terrible, por la cual no puede dar compensación; algo que tal vez no pueda perdonar un ser humano. Imagino que la promesa de que Dios lo perdonará si hace Usted un acto de contrición es un pensamiento que trae tranquilidad Y alivio. Usted no puede tener esa esperanza si es ateo. En consecuencia, debe Usted vivir y descidir sabiendo que cada acción contribuye, de una u otra forma, al único valor que su vida puede tener.

Algunos piensan que si el ateísmo es verdadero, nuestros actos se vuelven insignificantes. Pienso lo contrario: se vuelven enormemente más importantes.

(vía a7.com.mx)

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