martes, 13 de marzo de 2012

El IBI y la transparencia económica de la Iglesia

Acabo de publicar en Religion Digital y en El Mundo un reportaje sobre el tan traido y llevado tema del IBI de la Iglesia. En cuanto al fondo de la cuestión, hay división de opiniones, incluso en el seno de la propia Iglesia. De concretarse la medida (no se prevé que Rajoy imite a Monti), algunos creen que sería una "tercera desamortización". Otros, en cambio, aseguran que, si sólo se gravan las propiedades no dedicadas al culto, sería un gasto perfectamente asumible por la institución. Y pagarlo, un ejemplo.

De acuerdo con estos últimos ecónomos, soy partidario de que la Iglesia, de motu proprio, ofrezca pagar el IBI de sus edificios dedicados a la actividad comercial o de los no dedicados exclusivamente al culto. Sería un gran gesto público de solidaridad en tiempos de crisis, en los que alguna gente ya no tiene suficiente para comer, y, de paso, taparía la boca de los que acusan a la Iglesia de aferrarse a privilegios, sin reconocer que tampoco pagan el IBI (porque tienen la misma excención que la Iglesia) las ONGs, las federaciones deportivas, las fundaciones y todo tipo de asociación de utilidad pública.

Para hacer el reportaje tuve que consultar múltiples fuentes eclesiásticas. A veces, con serias dificultades. Hay muchos datos y muy fehacientes y detallados sobre los bienes de la Iglesia, pero nadie los quiere facilitar. Especialmente, los datos globales de toda la Iglesia española. Parece que da miedo hablar de ellos claramente. Y ya no están los tiempos para esconderse ni mantener esa supuesta opacidad, que no conduce a ningún sitio.

La mayoría de los economos diocesanos con los que hablé estuvieron cordiales y hasta afables. Por ejemplo, los de Valladolid, León, Bilbao, Sevilla o Mondoñedo.

Las excepciones, los ecónomos de Granada y de Toledo. El granadino, José Alberto Fernández, accedió a atender mi llamada, pero, con excusas pueriles, no quiso proporcionarme ni siquiera el número de propiedades inmuebles de la archidiócesis. A mis preguntas, respondía con vaguedades. Se le notaba con mucho miedo o recelo. Al final, casi me dio pena su actitud y su situación.

El de Toledo ni siquiera se puso al teléfono. Anastasio Gómez se escudó detrás de una secretaria que, amablemente, atendió mi petición por teléfono, me hizo enviarle las preguntas por email, me dijo que se las pasaría al ecónomo, me pidió información sobre otras diócesis que, lógicamente, no le envié...y, si te he visto no me acuerdo.

Es hora de que los delegados episcopales hagan gala de una transparencia total, al menos en cuanto a los datos económicos. Sólo así las cuentas de la Iglesia serán creíbles. Como ciudadanos y como fieles, tenemos derechos a preguntarlas, a que nos las facliten y a publicarlas.

Pero algunos, como Anastasio de Toledo y Rafael de Granada, siguen pensando que es mejor el secretismo y la opacidad. Quizás por ignorancia. O quizás por miedo a sus superiores jerárquicos. En cualquier caso, tardan en asimilar que, como dice el Evangelio, en estos tiempos de Internet, "no hay nada oculto que no sea descubierto".

José Manuel Vidal

(vía blogs.periodistadigital.com)

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