lunes, 12 de marzo de 2012

El vacío de las religiones.

Todas las religiones igual de vacías. Todas con exceso de fárrago verbal pero ninguna realidad. Todas ahitas de deseos y repletas de promesas.

Si se hace caso omiso de lo que han llegado a ser a lo largo de los siglos, las religiones se vacían en sus propios deseos.

La realidad en la que el hombre vive, la realidad que lo "aqueja" --la búsqueda del sustento, su afán de bienestar, el aprecio social, el medro laboral, el enriquecimiento-- es la misma para las personas normales que para las crédulas. Los unos la encaran con los medios humanos a su alcance; los otros buscan apoyos y asideros ficticios.

Y la realidad ficticia en la que el creyente se mueve, es un calco de unas religiones a otras, así como la encarnación que las corroe. La sociedad hinduista es igual de pobre que la sociedad musulmana; las venganzas chiitas de ahora son las mismas que las venganzas católicas de antaño; los ladrones son los mismos en Arabia que en Alemania (quizá la única diferencia estribe en que en uno de los dos lugares les cortan la mano y en otro no)...

Y en cuanto a deseos... en nada se diferencian los de la persona normal que los del creyente. Deseos de perfección (santidad), deseos de justicia, deseos de felicidad; deseos de fraternidad y amor universales; deseos de que la justicia, algún día, impere en el mundo; deseos, en fin, de un bien que no aparece... todo son deseos.

Pero en las religiones no hay sustancia entre, y tras, tanto deseo. Lo mismo que no hay realidad tras el “deseo” de Dios –mi alma está sedienta de ti, Dios mío—, ni hay realidad tras la “providencia” divina –hágase tu voluntad, donde ha habido un fallo médico o un accidente de automóvil—, ni hay realidad en el “deseo” de vida tras la muerte.

Siempre ha supuesto el creyente que la religión daba compleción a sus deseos y que en ella encontraría la solución a muchos de los problemas que le aquejan. ¡Qué ironía! Esperanza, fe... en la vida. Aparte del vacío, todas las religiones han creado más problemas de los que han resuelto.

Búsquese aquí una de las razones de por qué tantas personas se han alejado de ella y han vuelto su mirada a otras formas institucionales de convivencia y desarrollo. Y han buscado pensamiento, educación y cultura en otras fuentes más humanas.

Por desgracia los bandazos de la historia han sido los que han sido y han arrojado a los humanos en brazos de carniceros infinitamente peores que las religiones institucionalizadas. Vías muertas y de muerte, como el comunismo asesino, el fascismo destructor o el capitalismo caníval.

Respecto a las religiones como organizaciones del suspiro eterno, siempre terminamos, por caminos distintos, en lo mismo: de tales deseos no se deduce la existencia de su contenido. Podríamos definir las religiones como "el sustento del deseo y un deseo sin realidad".

(vía blogs.periodistadigital.com)

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