domingo, 11 de marzo de 2012

Libertad de expresión bajo la lupa

Jonathan Turley
Editorialista de Los Ángeles Times

Los Ángeles— El intercambio reciente entre un ateo y un juez en un pequeño tribunal en el área rural de Pennsylvania bien pudo haber salido de una novela de Dickens. El juez de distrito Mark Martin revisaba un caso en el que un musulmán furioso era acusado de atacar a un ateo, Ernest Perce, por haber disfrazarse de “Mahoma zombie” en Halloween. Pese a que el juez “no tenía ninguna duda de que el incidente haya ocurrido”, desestimó el cargo de acoso criminal contra el musulmán y procedió a reprender a Perce. Martin explicó que un disfraz de ese tipo hubiera conducido a la ejecución de Perce en muchos países conforme al sharia, o la ley islámica, y añadió que la conducta de Perce fue “mucho más allá de los límites que te marca la Primera Enmienda”.

El caso ha causado conmoción a nivel nacional, y muchos dijeron incluso que Martin aplicó la ley sharia sobre la Constitución, aseveración injusta y sin base. Pero pese a que el fallo ciertamente no permite entrever el afianzamiento de una suerte de califato en los tribunales estadounidenses, no cabe duda de que formó parte de una tendencia inquietante. El conflicto registrado en el Condado de Cumberland entre la libertad de expresión y los derechos religiosos se está desarrollando en tribunales de todo el mundo, y la libertad de expresión está perdiendo.

Perce formaba parte de un desfile junto a un conocido también ateo disfrazado de “El Papa zombie”, cuando se encontró con Tallag Elbayomy, quien se puso furioso por el insulto contra el profeta. El enfrentamiento fue capturado en el teléfono celular de Perce. Sin embargo, Martin desestimó el cargo contra Elbayomy. Luego se dirigió a Perce, a quien acusó de haber actuado como un “tarado”. Martin comentó: “Es desafortunado que algunas personas utilicen la Primera Enmienda para provocar de manera deliberada a otros. No creo que ésas hayan sido las intenciones de nuestros padres fundadores”.
Para muchos, el caso confirmó los antiguos temores de que la ley sharia está llegando a este país. Los alarmistas señalan que, en enero, un tribunal federal abolió una ley de Oklahoma que habría impedido citar la ley islámica en tribunales estatales. Sin embargo, no existe ninguna amenaza de ello, particularmente en Oklahoma, donde hay menos de 6 mil musulmanes. En cambio, la campaña contra la ley sharia ha distraído al público de la verdadera amenaza que enfrenta la libertad de expresión en todo Occidente.

Para decirlo de manera sencilla, las naciones occidentales parecen haberse desencantado de la libertad de expresión y cada vez proscriben más tipos de discursos mediante la aprobación de leyes que prohíben el discurso del odio, las blasfemias y el lenguaje discriminatorio. Irónicamente, esas leyes son defendidas como una lucha a favor de la tolerancia y la pluralidad.

Luego de los disturbios fatales por una caricatura danesa de 2005 en la que se satirizaba a Mahoma, varios países occidentales se han unido a países de Medio Oriente al acusar a personas de insultar a la religión. Y ahora los juicios están pasando del discurso antirreligioso a los comentarios contra homosexuales o en contra de la historia. El año pasado en Canadá, el comediante Guy Earle fue hallado culpable de violar los derechos humanos de una pareja de lesbianas al hacer comentarios insultantes en un centro nocturno. En Inglaterra, Dale Mcalpine fue acusado en 2010 de provocar “acoso, alarma o angustia” luego de que un agente de Policía perteneciente a la comunidad gay lo escuchara opinar que la homosexualidad es un pecado. Los cargos fueron retirados.

Países occidentales están en una situación peliaguda en la que cada vez más tipos de discurso son mencionados por los ciudadanos como insultantes y por ende, criminales. El año pasado en la isla de Wight, el músico Simon Ledger fue arrestado bajo sospechas de acoso racial agravado luego de que una persona de ascendencia china lo escuchara cantando la canción “Kung Fu Fighting”. Pese a que los cargos fueron desestimados con el tiempo, el arresto manda el alarmante mensaje de que cantar tales canciones conlleva un verdadero riesgo.

Algunos debates históricos ahora se han convertido en discurso del odio. Luego de la Segunda Guerra Mundial, Alemania proscribió no sólo la simbología nazi sino el cuestionamiento del Holocausto. Pese a que muchos han objetado que las leyes no hacen más que llevar ese tipo de ignorancia e intolerancia a la clandestinidad, las autoridades continuan la lucha quijotesca de impedir que se hagan declaraciones prohibidas, como el arresto en 2010 de un hombre en Hamburgo, detenido por utilizar un discurso de Hitler como tono de celular. En enero, el Parlamento francés aprobó una ley que proscribe el cuestionamiento del genocidio armenio. La ley fue abolida por el Consejo Constitucional, pero partidarios han prometido presentar una nueva ley para castigar a quienes nieguen ese episodio de la historia. Al ser acusado de intentar complacer a los votantes de ascendencia armenia, el autor de la iniciativa respondió: “Es democracia”.

Quizá, pero no es libertad. Las constituciones más democráticas se esfuerzan por no permitir que la mayoría dicte las condiciones y el discurso para todos –justamente la definición de lo que quienes forjaron la Constitución de Estados Unidos calificaron de la tiranía de la mayoría. Fue esta tendencia la que llevó a John Adams a advertir: “La democracia... pronto se gasta, se agota y se asesina a sí misma. No ha habido una sola democracia que no se haya quitado la vida”. Legisladores estadounidenses han mostrado el mismo gusto por procesar este tipo de casos. En junio, legisladores de Tennessee aprobaron una ley que proscribe “transmitir o mostrar una imagen” en línea que posiblemente “atemorice, intimide o provoque una reacción negativa” en quien la vea. La ley hace que la libertad de expresión dependa no sólo de las actitudes cambiantes de lo que constituye una imagen perturbadora sino de si otros creen que fue enviada con un “propósito legítimo”. Esto aplica incluso a comentarios en Facebook.

Los comentarios del juez Martin son perturbadores puesto que reflejan la misma postura sobre el propósito y, de manera más importante, los riesgos de la libertad de expresión. Martin dijo a Perce que “nuestros padres fundadores” no pretendían que la Primera Enmienda “fuera usada para molestar a otras personas y culturas”. Haciendo a un lado el hecho de que, en su época, hubo personas “molestas con Thomas Paine o John Adams, la Primera Enmienda fue diseñada para proteger discursos poco populares. No necesitamos una Primera Enmienda para proteger el discurso popular.

El intercambio entre el juez y el ateo en Mechanicsburg refleja la lucha que ha existido entre la libertad de expresión y la religión desde hace años. Lo diferente es que hoy en día se trata de una lucha librada en condiciones distintas. Mientras que anteriormente los gobiernos castigaban para alcanzar la obediencia, ahora lo hacen para alcanzar la tolerancia. Conforme la libertad de expresión cede terreno en Occidente, no es la sharia sino el silencio lo que queda después de ella.

(vía diario.com.mx)

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