viernes, 13 de julio de 2012

Conflicto entre China y el Vaticano por la religión

ADRIÁN FONCILLAS / Pekín

El conflicto es inevitable porque no existen en la historia países más celosos de su poder omnímodo que China y el Vaticano. La gestión de la veintena de millones de católicos en China provoca un pulso de poder cotidiano que se acentúa con el nombramiento de obispos. Dos casos recientes lo ejemplifican.

El obispo Joseph Yue Fusheng fue ordenado el pasado día 6 en Harbin (Heilongjiang) por la Asociación Católica Patriótica (ACP), la rama legal y dependiente de Pekín. Ocurrió tras las advertencias repetidas del papado, que excomulgó a Yue. Obispos leales a Roma fueron forzados a participar para dar sensación de legitimidad a los fieles. Dos curas que se habían opuesto fueron tomados en custodia el día anterior y soltados tras el acto.

“Todos los católicos en China están llamados a defender y salvaguardar la doctrina y la tradición de la Iglesia”, explicó el Vaticano. También pidió a Pekín que abandonara los “actos contrarios al diálogo”.

Auxiliar de consenso

Un día después fue nombrado obispo auxiliar de Shanghái el reverendo Thaddeus Ma Daqin, con fama de hombre de consenso entre Pekín y Roma. Su nuevo cargo le señala como el sustituto de Aloysius Jin Luxian, de 95 años y también ratificado por ambos bandos, al frente de la ciudad china más importante para el catolicismo.

Y entonces, en la imponente Catedral de San Ignacio, ante un millar de fieles, lo dijo: “Debido a que ahora soy obispo y tendré que concentrarme en la evangelización y el trabajo pastoral, no creo conveniente que siga siendo perteneciendo a la ACP”. El vídeo muestra la estupefacción seguida de rotundos aplausos.

No se ha vuelto a saber de Ma Daqin. No impartió la misa prevista del domingo. Fuentes eclesiásticas confirman su desaparición y que fue conducido al Seminario de Sheshan, en las afueras de Shanghái, donde había estudiado. Algunos aseguran que se encuentra “descansando”. Una cadena católica ha informado que dejó un mensaje afirmando necesitar “una retirada” por sentirse “mental y físicamente exhausto”. Ni Pekín ni Roma han comentado el asunto.

Presiones externas

El diálogo revela la tensión. Pekín definió las protestas por la ordenación del obispo de Harbin de “groseras y poco razonables”. El Vaticano denunció las “presiones externas y restricciones” que sufren los católicos en China. Solo en los últimos días el papa Benedicto XVI ha animado a las dos partes a esforzarse por la reconciliación.

Las estadísticas conceden cinco millones de fieles a la ACP y el doble a la clandestina, pero en realidad la mayoría de ellos alterna unas misas y otras. Los nombramientos de obispos solían consensuarse entre ambas, pero desde el 2006 Pekín ha ordenado a seis obispos sin el apoyo de Roma. Todos han sido excomulgados.
Sin relaciones diplomáticas

Pekín y el Vaticano cortaron sus relaciones diplomáticas en 1951 cuando la Santa Sede reconoció a Taiwán. Para restablecerlas, China exige que el Vaticano abandone a la isla rebelde y deje de inmiscuirse en sus asuntos internos. A pesar de pedir perdón a China por los desmanes del cristianismo, Pekín negó la entrada a Juan Pablo II, azote del comunismo. La tensión se ha aflojado con Benedicto XVI.

(vía elperiodico.com)

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