martes, 18 de septiembre de 2012

¿Hay una religión que no sea expansionista e intolerante?

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En 1926, el entonces presidente mexicano Plutarco Elías Calles trató de resolver sus diferencias con la Iglesia católica apelando a medidas draconianas, arbitrarias y tan violentas que desataron una revuelta armada que duró tres años y costó miles de muertos. Los católicos y su iglesia, según la película que da nombre al presente artículo, enarbolaron con fanatismo y vehemencia la bandera de la libertad que, paradójicamente, la Iglesia católica nunca ha concedido a nadie.

Los llamados “cristeros“ reivindicando su iglesia, ritos y liturgia fueron traicionados por el Vaticano, manipulados por el enviado americano y finalmente derrotados por otras maniobras políticas que, entre otras cosas, descubrían mejores razones detrás del atuendo religioso del levantamiento.


La historia de los “cristeros” en México guarda importantes similitudes con la actual marejada antioccidental del mundo islámico desatada por las noticias de una película antiislámica, esencialmente barata, provocadora e irreverente para con el profeta Mahoma. Mis observaciones al respecto son las siguientes.


En mi familia, las mujeres son muy, por no decir intensamente, religiosas. Sobre todo mi hermana, no me permite a mí ni a nadie ningún tipo de manifestación irreverente para con Jesucristo y su iglesia. He visto y vivido la misma experiencia en muchísimas personas que no eran familiares míos.

¿Por qué? ¿Deberíamos extrañarnos, por no decir, escandalizarnos de que los musulmanes estén tan airados por la blasfemia? Los judíos arman cada escándalo cuando alguien niega o cuestiona el Holocausto, pero ellos han sido más astutos consiguiendo penalizar el antisemitismo en numerosos países. Los obispos y cardenales hacen de ley, batuta y constitución. ¿Quieren saber cuál es la diferencia?

Que las otras dos religiones las defienden sus ministros y autoridades mientras que el Islam lo reivindican las masas pobres. Y esta es una diferencia esencial que conectaría con los "cristeros" de México si no fuera por la presencia y participación del clero en aquel levantamiento.

Asesinato de Christopher Stevens

El asesinato del embajador americano en Libia, de la que informó Hechos de Hoy, es harina de otro costal. Se supone que debemos creer que las manifestaciones antiamericanas y antioccidentales en 30 países son el producto de la película blasfema que nadie ha visto y que todo indica que fue una provocación. Pero no es así, no lo creo y entiendo que una vez más debemos revisar las conclusiones y propuestas contenidas en los libros de Michael Scheuer el ex analista de la CIA quien afirma lo siguiente: “Los musulmanes no nos odian por lo que somos ni pretendemos ser, sino por lo que le hacemos a ellos“. Así de simple.

Occidente no quiere entender. Estados Unidos no quiere entender. Cuando nosotros asesinamos y matamos inocentes, lo cual acontece a diario, se trata de “daños colaterales“, pero cuando los musulmanes, sean militantes radicales y extremistas o no apedrean e incendian una embajada (excluyendo el asesinato del embajador Stevens), caen bajo la categoría de terroristas. Ellos están hartos de que les llamemos terroristas por defenderse del terrorismo que primero nosotros infligimos contra ellos.


Gilles Kepel, un conocido islamista francés afirmó: el siglo XXI será religioso o no será. La afirmación es a la vez, terrible y triste porque supone el fracaso de la Ilustración como referente civilizacional y porque todo el registro histórico enseña que las guerras más sangrientas han sido las de inspiración religiosa y, todavía hoy, nadie ha superado los crímenes y las matanzas de la Iglesia católica.


Es posible, como sostienen algunas teorías conspirativas que la película esta sea parte de una provocación para desatar la violencia y así justificar la validez de la guerra contra el terrorismo por parte de las potencias occidentales. No lo se, pero sí puedo afirmar que, sin necesidad de conspiración alguna, el mundo islámico tiene suficientes motivos acumulados para pasarse años y años combatiendo la influencia, la cultura y los intereses de Occidente. Ni siquiera hacen falta ofensas y agravios nuevos.


No queremos entender que antes podíamos humillar impunemente a la población árabe colonizada por Francia, Inglaterra o Italia o dominada por los Estados Unidos. Hoy la situación ha cambiado. El Islam, redescubierto por ellos, restaura su identidad y los define en relación y contraste con nosotros, pero no queremos entenderlo. Nuestra arrogancia es solamente equiparable a nuestra torpeza e ignorancia.

Conozco intelectuales formados, honestos y de talla, pero convencidos de que el Islam es inherentemente violento, discriminatorio, expansionista e intolerante. Cuando les digo que históricamente el Islam fue el refugio de los judíos y que ya quisieran las mujeres occidentales disfrutar de los derechos y del respeto que les reconoce el Islam, me miran como a bicho raro convencidos de que soy portador de algún pasquín pero ninguno se ha metido 12 años estudiando el tema.

¿Qué religión no es expansionista e intolerante?

En fin, el Islam es claramente expansionista y como religión también intolerante, pero yo quiero que me digan si alguien conoce una religión que no haya sido y sea expansionista e intolerante. En parte por eso no soy religioso, de ninguna. Justamente, nosotros, mi generación y otras, abrazamos la Ilustración francesa del siglo XVIII y propusimos la laicidad para escapar, en nuestro caso, de la Inquisición y de la aberrante y sangrienta intolerancia de la Iglesia católica. Por eso digo con frecuencia, carajo, ¿pero es que nos estamos volviendo locos?


El apetito por el dinero lo nubla todo y creemos que con los musulmanes de hoy se puede negociar como hicieron los españoles con Guacanagarix, según la leyenda, el primer cacique imbécil de La Hispaniola que entregó oro, tierra y mujeres a cambio de espejitos y chucherías.


Estamos en presencia de un ciclo de violencia interminable. El mundo islámico exige respeto a sus creencias, pero nosotros seguimos con la historia de que son civilizaciones fracasadas. A ver de donde sacamos semejante estupidez. Luego, en la persecución de Osama bin Laden en lugar de atraparlo y juzgarlo conforme con la ley se le ejecuta no inmerecida, pero sí ilegalmente.

Por lo tanto y por lo mismo violamos la ley, nuestra propia ley y queremos que los otros la respeten cuando así nos conviene a nosotros y además, cuando no lo hacen, los acusamos y tratamos como terroristas.

Transitamos un camino que no traerá la paz y no es que ignore el monto de las apuestas por la guerra. El que siembra vientos, cosecha tempestades. Lo simple de la afirmación no desmiente en nada su validez y lo que hacemos y deshacemos en perjuicio de otros, lo hacemos a nuestra cuenta y riesgo.

- Melvin Mañón, escritor y reputado analista, reside en la actualidad en República Dominicana.

(vía hechosdehoy.com)

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