lunes, 26 de agosto de 2013

Rusia contra los extremistas ateos



Rusia siempre se supera a sí misma! De RT (antes Russia Today), el órgano de propaganda del estado putinesco: Rusos lanzan un centro dedicado a combatir el “extremismo ateo”
 
Un grupo de activistas conectados con la Iglesia Ortodoxa Rusa están montando un centro contra el extremismo ateo, el cual, según ellos, es promovido principalmente por organizaciones financiadas desde el extranjero.
 
Y este brote de paranoia nacionalista de libro de texto fue causado por incidentes en los que ciertas personas protestaron contra la construcción de nuevas iglesias, “creando una psicosis artificial y alimentando la histeria por medio de la intimidación…”

La acusación es tan ridícula (¿protestar contra la construcción de una iglesia es extremismo?) y tan general (no se dan detalles) que es imposible saber qué ocurrió realmente. Quizá haya habido algún exceso de parte de los que protestaban. A fin de cuentas, ¿a quién le hace daño que se construyan algunas iglesias?
 
Las autoridades de la ciudad de Moscú, junto con la Iglesia Ortodoxa Rusa, están actualmente implementando el llamado Programa-200, un plan según el cual deben erigirse 200 iglesias ortodoxas en la capital en los próximos 10 a 15 años.

Putin y patriarca ortodoxo Kirill

Oh. Habrá sido eso, entonces.

El horno no está para bollos en Rusia. Los rusos no sólo han terminado, después de un doloroso proceso de abandono del comunismo soviético, gobernados en una democracia formal por un dictador proveniente de las filas de la KGB, sino además sometidos al resurgimiento (y alianza con el susodicho dictador) de lo peorcito de la Iglesia Ortodoxa Rusa, cuyo jerarca máximo actual tiene unas posturas que hacen quedar al Papa como un corderito. Esa alianza ha dado frutos como la criminalización del discurso secular crítico (“ofensivo para los creyentes”) y de la “promoción de la homosexualidad” (básicamente está prohibido decir algo bueno de los homosexuales o la homosexualidad donde alguien más pueda oírlo).

El juicio a Pussy Riot y la flamante ley [de protección de los sentimientos de los creyentes] provocaron una ola de protestas aún mayor en todo el país, a veces tomando formas radicales, como el derribo de cruces recordatorias en algunos pueblos.

Desde luego el vandalismo contra símbolos religiosos es un asunto peliagudo, y es peor si esos símbolos son además monumentos conmemorativos. Llamarlo una forma de “protesta radical” o unirlo a la idea de “extremismo ateo”, sin embargo, es improcedente. De hecho, las denuncias originales hablaban de “satanistas”, no de ateos, mucho menos de grupos de ateos organizados por oscuras fuerzas en el extranjero. Para el caso es poco importante: los vándalos son idiotas de cualquier manera, y para la mente conspirativa de los fanáticos tanto da un chivo expiatorio imaginario como otro.
 

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