jueves, 24 de octubre de 2013

“La religión es la excusa de los intolerantes para expresar su hostilidad”

Joanne Harris publica ‘El perfume secreto del melocotón’, segunda parte de la popular novela, donde aborda la integración

Rebeca Carranco - Barcelona

La escritora Joanne Harris publica su último libro, ‘El perfume secreto del melocotón’. / Massimiliano Minocri

La popular chocolatería de Vianne Rocher, en Lansquenet, ya no se dedica a vender dulces. Justo 14 años después, la tienda se ha convertido en una especie de madraza, a la que acuden las niñas del pueblo. En El perfume secreto del melocotón (Duomo), la escritora inglesa Joanne Harris (Barnsley, 1964) vuelve al escenario y a los personajes de Chocolat, su novela más popular y que el cine expandió aún más si cabe gracias a Juliette Binoche y Johnny Depp. Vianne ha recibido la carta de una vieja amiga, que le pide que regrese porque en el pueblo van a necesitar buenas dosis de sus dulces, incluso el párroco con el que tanto se enfrentó. Allí se encuentra con un seductor Karim y una enigmática mujer, Inès, escondida bajo su niqab. Pero lo que les ocurre ya no tiene nada que ver con el pasado. O casi nada.

PREGUNTA. ¿Por qué ha elegido el islam como tema de fondo en su novela?

RESPUESTA. El islam me eligió a mí. Escribí la novela cuando se debatía en Europa el tema del uso del velo islámico. Era obvio que Francia lo iba a prohibir en poco tiempo. El ambiente de aquel momento fue lo que determinó de dónde iba a proceder esta nueva comunidad en Lasquenet.

P. ¿Teme que se lea como una crítica al islamismo?

R. No creo que esté criticando la religión. La religión es la excusa que usan los intolerantes para expresar su hostilidad a otra gente. Del mismo modo que no he atacado a la iglesia católica en Chocolat, sino la intolerancia.

P. ¿Está en contra del uso del niqab?

R. Estoy en contra de controlar a personas, determinando lo que tienen o lo que no tienen que llevar puesto. Eso quiere decir que estoy en contra de la prohibición del niqab por parte del Gobierno.

P. ¿Hay en Occidente un problema de integración?

R. Tenemos el reto de intentar encontrar un equilibrio, entre el mantener nuestra cultura, la propia, y ser capaces de aceptar y comunicarnos, de establecer un diálogo con otra cultura.

P. ¿Le ha costado volver a Lansquenet?

R. Vienne tiene todavía temas por resolver, aunque ella no sabe aún que los tiene. Yo también tenía temas pendientes allí. Igual que Vianne, no quería volver por todo tipo de motivos, pero para ambas era necesario volver.

P. ¿Y eso?

R. Me debatía entre el deseo de explorar nuevos lugares y ese sentimiento de que había dejado algo muy importante detrás. Siempre he pensado que Francis Reynaud, más que malo, era un ser incomprendido. Comete muchos errores, es intolerante, arrogante y prejuicioso, pero la verdad es que siempre ha actuado de acuerdo con lo que él cree es lo mejor. Ha cambiado un poco desde Chocolat, aunque todavía se mantiene inamovible en ciertos aspectos. En cierta manera, El perfume secreto del melocotón es su historia. Como también lo es la de Vianne. Vianne y Reynaud tienen mucho más en común de lo que creen. Quedaban también sin resolver la relación entre Joséphine y Roux. Ahora cierro algunos de estos temas. No todos, porque la vida no es así…

P. Uno de sus personajes lee Los Miserables… ¿Por qué?

R. Es un mulá, está leyendo un clásico francés sobre el sufrimiento humano. Le interesa el sufrimiento humano y no tanto el dogma. Lo incluí en el libro porque es así como sorprendemos a veces, es una forma de cuestionar los estereotipos.

P. ¿Cuáles son sus referentes literarios?

R. Crecí con los clásicos franceses e ingleses: Dickens, Hugo, Flaubert, Balzac, Maupassant… Leí mucha novela del XIX, que creo que ha tenido una repercusión en el enfoque literario de mis obras. Con mi abuelo leíamos, cuando era pequeña, a Víctor Hugo: estaba un poco obsesionado… Víctor Hugo es un maestro de los personajes y la narrativa. Cuando crecí un poco más, me enamoré de Nabokov, fue el primero escritor del que fui consciente que tenía un sentido sensual muy específico, muy concreto.

P. En sus novelas también se percibe cierta sensualidad

R. Yo no habría sido capaz de imitar el estilo de Nabokov, es un estilo muy distinto. Quizá escribo de una forma sensual, pero no lo inventé yo; él no lo inventó, tampoco.

P. ¿Le gustaría que El perfume acabase en el cine?

R. Estaría bien, pero no lo necesito desesperadamente. Dependería del tratamiento que le dieran, quién lo hiciera y de la calidad. Me gustan las películas, pero yo no escribo para que mis libros se conviertan en películas, escribo para que puedan crecer convertirse en libros grandes.

P. ¿Le gustó la versión de Chocolat?

R. Estaba bien. No habría sido lo mismo si yo hubiese estado al mando, pero me gustaron muchos elementos, el elenco era fantástico… Pero no era mi obra, era la obra de otra persona.

P. ¿Qué hubiese hecho distinto?

R. Si hubiera estado al mando no hubiera americanizado la historia. Habría mantenido gran parte de la oscuridad que filtraron los productores. Y no habría tenido miedo de meter al cura como protagonista, quien obviamente no es del todo una representación positiva, pero es por ello que Hollywood lo cambió.

P. ¿Tendremos nuevas aventuras de Vianne?

R. No creo que sea el fin. Pero no tengo ni idea de lo que van a hacer. Y hasta que lo sepa, no habrá otra novela. Pero sospecho que en algún momento lo descubriré, algo saldrá.

P. ¿Es usted una buena cocinera?

R. No, no especialmente; normal, razonable. Se me da mejor escribir sobre comida que prepararla.

(vía ccaa.elpais.com)

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