sábado, 15 de febrero de 2014

La nueva religión porno y sus devotas americanas

La nueva religión porno y sus devotas americanas
Por Leonardo M. D’Espósito

Hoy tenemos una noticia que sólo puede sorprender en caso de estar más o menos desprevenido, o conocer poco la cultura estadounidense. Hay un estudio pornográfico llamado Homegrouwn Video, que se dedica a distribuir material amateur, realizado por personas –digamos– normales.

Uno hace su video porno, se los manda y ellos deciden si es publicable o no, y pagan regalías al respecto. Dado el auge del porno amateur, de la idea –surgida gracias a las tecnologías digitales– de espiar al vecino haciendo eso que nunca nos va a mostrar, el negocio es redondo y exitoso: casi nada de producción, mucho de mirar y seleccionar, videos rápidos y listos para poder ser consumidos.

Hace seis meses, Homegrown comenzó a realizar un estudio estadístico. Querían saber, para poder disponer mejor de sus presupuestos en marketing, quiénes eran los que les enviaban su video. ¿Más hombres que mujeres? ¿Universitarios o lúmpenes (o lúmpenes universitarios, por qué no)? ¿Neoyorquinos liberados y progresistas o reprimidas amas de casa de Texas? Pues bien, los resultados llegaron y fueron publicados por el portal de noticias más importante de la industria triple X, XBiz.

Primer dato, que al seguidor de esta columna no debería sorprender: el 58,6% de los envíos fueron realizados por mujeres. Más raro: la distribución porcentual arranca en Nueva York, donde el 100% de los envíos fue realizado por hombres, y culmina en Kentucky, donde el 100% fue realizado por mujeres. También realizaron estadísticas internacionales (les llegan videos de todo el mundo) y el país que más envía es República Checa (donde un tercio lo envían mujeres). ¿Explicación? Simple: el negocio del porno sigue concentrado alrededor de las mujeres. Y son las que se animan a mostrarse, además, a diferencia de los hombres. Y como las mujeres además son las mejor pagas del negocio, utilizan estos videos como un “camino a la fama”, una llave para entrar en la industria grande, que sigue siendo estadounidense.

Pero lo más sorprendente de estas estadísticas es que el 29,6%  de los videos (la mayoría realizados por señoras y señoritas) proviene de lo que se llama El Cinturón Bíblico, esa zona del este y el sur del país, donde mayor se el fervor religioso, y que ambas incluye Carolinas, Alabama, Tennessee, Kentucky, Arkansas, parte de Texas, gran parte de la Florida, etcétera. Estados en su mayoría conservadores, donde la actividad religiosa es enorme y de donde provienen –no es increíble, ¿verdad?– los mayores ataques contra la industria de la pornografía, tanto dentro como fuera de los EE.UU. (son grandes lobbystas en la web).

¿Entonces? Puede apresurarse a condenar a los estadounidenses del sur por hipocresía y hasta cierto punto tendrá razón. Pero al mismo tiempo es necesario considerar lo física que es lo que Harold Bloom, en un libro extraordinario, llama “la religión americana”, especialmente en estos Estados donde está teñida de los colores del sincretismo negro y del antiguo protestantismo holandés y británico (amén del invento completamente americano del Libro de Mormón, religión que consagró durante largo tiempo la poligamia masculina). Lo que sí sucede en estos Estados es que las mujeres han comenzado a tomar las riendas sociales más allá de las imposiciones religiosas que, durante muchísimo tiempo, las sometían en todos los órdenes de la vida, incluso cuando tal cosa pareciera invisible. Antes que hipocresía, debería verse esta tendencia como los síntomas de un cambio, del nacimiento –aún incipiente, aún escondido en los pliegues de la subcultura porno– de un orden social nuevo y más igualitario, donde la religión es fe y no excusa para la sumisión.

(vía diariobae.com)

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