viernes, 14 de marzo de 2014

«Es necesario que exista una separación entre la religión y el poder político»

Nazanin Armanian, escritora de origen iraní, ofreció el martes una charla titulada 'Impacto de la religión en los derechos de la mujer' 

«Es necesario que exista una separación entre la religión y el poder político»
La periodista y escritora iraní Nazanin Armanian pronunció el martes la conferencia 'Impacto de la religión en los derechos de la mujer' en el Centro Social Iraso. La charla se enmarcaba en los actos organizados por el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Nazanin Armanian reside en España desde 1983. Es articulista en prensa nacional, autora de varios libros y también ha ejercido como profesora en la UNED. El concejal de Educación y Valores, Fernando San Martín, la acompañó durante el acto.
El título de su conferencia resume bien el contenido de la misma, que Armanian enfocó desde el punto de vista «de la religión como institución. Otra cosa es la espiritualidad y la libertad religiosa de cada uno».
Nazanin Armanian proyectó, al inicio de su charla, una recopilación de imágenes que incluían fotografías de una mujer piloto, carteles de películas que mostraban chicas semidesnudas... «¿Sabéis de dónde son estas imágenes?». Procedían de Afganistán e Irán en los años 60 y 70. «Ahora es impensable. El integrismo islámico ha ganado terreno en los últimos 30 años».
A continuación, dos fotografías de una boda celebrada mediante el rito católico: en la primera el padre entrega a su hija, el rostro de ella cubierto por un velo que su recién estrenado marido retira en la segunda fotografía. Armanian analizó la simbología detrás de las instantáneas: «Una novia con su vestido blanco, su velo de tul... El blanco simboliza la virginidad, la pureza. Va del brazo de su padre al altar, donde éste la entrega a su marido. ¿Qué os parece? Esta mujer es un producto de primera mano, y no de segunda», ya que si así fuera, no podría casarse por la iglesa y 'de blanco'. «Una cosa tan íntima como la virginidad de la mujer se convierte en producto», al menos de forma simbólica. «La simbología se mantiene, y eso pisotea ciertos derechos de la mujer. Y no es sólo simbolismo: ¿Por qué nunca es la madre la que acompaña a la novia? La mujer pasa de manos de un hombre a otras manos masculinas».
Hablando del velo y de religiones en las que la mujer se cubre o tapa «para evitar tentar al hombre», Armanian afirmó que «el velo no es un signo de la religiosidad. ¿Por qué no lo llevan los hombres?». En este punto, algunas asistentes a la charla quisieron puntualizar que «me parece injusto que obliguen a una mujer a taparse, pero también que la obliguen a no hacerlo. En mi opinión, es lo mismo».
«El problema que tenemos las mujeres del mundo, llevemos velo o no», continuó Armanian, «es el sistema patriarcal, que da unos privilegios y derechos a los hombres, y los niega a las mujeres». La escritora recordó que, hace miles de años, «había mucha competencia entre los hombres por las mujeres», que a fin de cuentas son quienes garantizan la continuidad de la especie en mayor medida que los hombres. «Por eso las ocultaban; para que no se las quitasen».
Separación de la política
Nazanin Armanian subrayó que «a lo que me refiero es que la entrada del integrismo religioso, de todos los colores, en la escena política y social ha dañado los derechos de la mujer». Comparando la situación de las mujeres del Irak de los años 60 con la actual, recordó que «habían conquistado unos derechos con mucho sufrimiento y los han perdido».
Libros sagrados de distintas religiones «dan autorización a sus fieles para aplicar las leyes» de cada confesión «a los demás seres humanos. Ahí hay un problema, y muy grave, que se produce cuando un creyente piensa que tiene derecho a corregir a otra persona porque está respaldado por su dios».
Nazanin Armanian incidió en la necesidad de que exista «una separación entre la religión y el poder político. La verdadera libertad, para todas las religiones, está dentro de un estado laico». Porque, a fin de cuentas, cada religión recoge «una serie de normas redactadas hace 1.400, 2.000 o más años. ¿Es correcto que aquellas normas que nacieron para una comunidad determinada, en un momento determinado, sean aplicadas hoy en día? No es justo». Ni necesario.

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