jueves, 23 de mayo de 2013

Un trapo de cartel: Explicar lo inexplicable

altCulpa a la Malvada Bruja del Oeste

de que el Mago de Oz no tenga

poder real o poder alguno;

de la falta de corazón en los hombres de hojalata

y la estrechez de mente de los espantapájaros.

David Caleb Acevedo, Empírea o la Saga de la Nueva Ciudad

El viernes, 17 de mayo de 2013, se celebró en todo el mundo el día internacional de IDAHO (International Day Against Homophobia [corto para International Day Against Homophobia, Biphobia and Transphobia]). Como parte de las actividades en Puerto Rico, realizamos una marcha LGBTT en muestra de apoyo al P. del S. 238, el cual busca erradicar la homofobia como excusa para discriminar en los entornos laborales. Como parte de la marcha, me uní en la caminata que comenzó en la Fortaleza (aunque llegué hasta la Plaza de Armas y allí me uní a las filas) y llegó hasta el Capitolio, aunque estuvo previsto que terminaríamos en el Tribunal Supremo. Llevé mis dos carteles: el ahora iconográfico ¡MANTÉN TU CABRÓN DIOS FUERA DE MI CUERPO! y otro cartel más colorido en el que aparece una cruz encerrada en un círculo rojo de prohibición, con la palabra ¡PUÑETA! escrita con los colores de la bandera LGBTTQQIA.

Las reacciones a mis provocadores carteles, particularmente el primero, no se hicieron esperar. Mucha gente me miró mal, muchos otros me mostraron apoyo con sus dedos pulgares hacia arriba, muchos me tiraron fotos (el cartel fue el más fotografiado de la marcha) y otros tantos me pidieron que por favor me retirara de su lado, que me fuera a mi casa, que guardara el cartel o simplemente me saliera del medio. Hice un esfuerzo sobrehumano de hacer uso de mi adrenalina con sano juicio y crear un escudo invisible alrededor de mí para mantener a raya el odio que ya, desde la marcha, comenzaba a concentrarse hacia mi persona.

¿Qué propuesta pudo haber tenido Elijah Snow, a.k.a. David Caleb Acevedo, en hacer semejante gesto? Curiosamente, es la misma pregunta que me hicieron cuando escribí mi también iconográfico libro Diario de una puta humilde, el cual destapa las peripecias sexuales de un tipo común dentro del marasmo sexual que se da en cualquier comunidad de este país. Esta es mi respuesta:

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Para comenzar, quiero hacer un último hincapié en lo siguiente: en todo momento marché solo. No quise marchar junto a ningún grupo para así no permitir que el escarnio que debía ser dirigido hacia mí como generador de tanta provocación le cayera a otra persona o a un grupo de personas. Me parece bien que haya sido así. Me parece bien que el odio se concentre en mí. Puedo manejarlo, aunque solo pueda hacerlo como parte de la propuesta. Sin embargo, esto no fue un performance. Fue un acto político concebido como directo al hígado, sin camuflaje artístico alguno. Y fue un ataque, sí. Fue un ataque de terrorismo intelectual. Me explico.

MANTÉN TU CABRÓN DIOS FUERA DE MI CUERPO es un mensaje que busca varios objetivos. Primero, que se entienda que no podemos lograr una separación de Iglesia y Estado bajo el subterfugio de “Todos somos iguales porque dios nos ama a todos por igual” (nótese la minúscula “d”). Reza nuestra hermosa Constitución: “No se aprobará ley alguna relativa al establecimiento de cualquier religión ni se prohibirá el libre ejercicio del culto religioso. Habrá completa separación de la iglesia y el estado”.  Tomo I, Carta de Derechos de la constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, Artículo 2, § 3 (ed. 2008). Segundo, debe quedar meridianamente claro que la diversidad reina en el país, no solo en la comunidad LGBTTQQIA, sino en el macro del país. En este punto, quedó manifiesto un díptico de nuevas facciones en nuestra propia comunidad: el fundamentalismo religioso LGBTT y la nueva comunidad atea-humanista-secular de alianza heteroqueer. Tercero: tenía que demostrarle a los bullies fundamentalistas que el bullying duele, y no hay mejor forma de hacerlo a veces que el Talión. En esta vida hay gente con quienes la diplomacia y el tacto simplemente no funcionan. Es la misma gente que solo entiende cuando uno los obliga, así, a la mala, a ser solidarios. Después de todo, si hablamos de una diversidad de puntos de vista, debemos hablar también de una diversidad de disposiciones, capacidades intelectuales y lenguajes. Cuarto: mi plan también pretendía tenderle una trampa a todo aquel que tuviera máscaras, e invitarlos a que cayeran sobre sus espadas. Es precisamente éste último objetivo el que causó mayor conmoción. Ese fue mi mayor acto de transgresión.

Durante el pasado cuatrienio, Puerto Rico vivió su periodo de mayor violencia social de la historia. Fue bajo el gobierno de Luis Fortuño que se vivió el año más sangriento en su historia, con el mayor número de asesinatos en la isla. También fue el cuatrienio en que se cometieron más crímenes de odio en Puerto Rico. Fue el cuatrienio que nos robó a Jorge Steven, Michael Galindo, Ashley y tantos otros y otras, que nuestra comunidad parece haber olvidado. Y es que padecemos de corta memoria o memoria selectiva. Pero yo no puedo olvidar esos cuerpos mutilados por el odio, particularmente el cuerpo quemado, desmembrado y decapitado de Jorge Steven, un chico que pude haber sido yo. A lo mejor padezco exceso de identificación, dado que yo también, en mi momento, trabajé las calles. Su asesinato bien me pudo haber ocurrido a mí. Y no lo niego: muchas veces me culpo por haber sobrevivido y no él. Y es ese sentimiento de culpa, de no haber podido estar allí para defenderlo, el que me molesta. Así fue como decidí devolver el golpe con un “trapo de cartel”. Un cartel que, como mísera piedra, le rajó la cabeza a Goliat. Curiosamente, mi nombre de pila es David.

Como parte de la respuesta política de mi comunidad LGBTTQQIA al frente unido de predicadores del odio cristiano y el fuego consumidor de Jehová, se ha creado una fuerte facción cristiana que predica el “Todos somos iguales, porque Dios nos ama a todxs”. Me parece que, políticamente, es una movida peligrosa para nosotrxs. La lucha por derechos civiles es una lucha laica. Debe ser así. No se puede reclamar una separación de Iglesia y Estado desde el poderío cristiano mismo. Es un sinsentido. Crea falsas expectativas para nuestra comunidad de parte del macro: que siempre y cuando nos portemos bien, cristianamente bien, y nos andemos derechitos y derechitas, se nos aceptará. Es un mensaje que invisibiliza y devuelve al clóset a los LGBTT no cristianos, a los agnósticos, a los ateos, a los sidosos, a los que jamás podríamos caber dentro de ese renglón. Es un intento innecesario de blanquear y desinfectar, sanear, esterilizar la lucha. Y yo no seré negado. No seré invisibilizado ni ninguneado con tal de que se logre una causa. En ese renglón, me uso solidariamente, como siente lo he estado, a uno de los colores de la bandera LGBTTQQIA; aquel que constituye el espacio que más jodido ha quedado siempre en la esfera de los derechos humanos, civiles y fundamentales: los y las transexuales y transgéneros.

Por otro lado, muchos me han dicho que lo que de verdad molesta del “trapo de cartel” fue la palabra “cabrón”. Es ofensiva. Yo me pregunto: ¿ofensiva a un “quién” o a un “qué”? Mucha gente me contestó: a una persona, a un “quién”. ¿Quién, entonces? Ofendiste a mi dios.

Meditemos sobre esto. ¿Es acaso dios una persona? ¿Puede El hombre invisible de Wells referirse a una persona, o estaba hablando el famoso novelista del proceso en que una persona deja de serlo gracias a su invisibilización? Entonces, ¿puede dios, ser invisible, y virtualmente inexistente hasta tanto se pruebe lo contrario, constituir una persona? Les daré mi respuesta. NO. dios es una idea. Una trapo de idea. Yo le falté el respeto a una idea, no a una persona. No a personas. Nunca a personas. Sigamos meditando: si el dios que defienden es tan omnipotente y omnipresente, 1) ¿necesita que sus “soldados” (nótese el registro semántico de guerra) lo defiendan?, 2) ¿acaso no puede defenderse solo? La retórica de odio no se hizo esperar. “La ira de Jehová es lenta”, dijo uno. “Te vas a quemar en el infierno”, dijo otra con grave ortografía y sintaxis.

Que no me malinterpreten: admiro muchísimo la labor de Pedro Julio Serrano y todxs aquellos que se visibilizan de manera diplomática y con el respeto que no nos muestran a nuestra comunidad. Los admiro, pero ese nunca será mi acercamiento. Siempre deberá existir un individuo como yo contra quien cada 1,000 individuos como Pedro Julio Serrano se puedan medir en su diplomacia. No pueden existir ellos y ellas si no existo yo. Y ese es mi yugo autoimpuesto, aunque tampoco me sale del culo ser mártir.

Asimismo, surgieron retóricas de “conciliación” y “diálogo”. Me pregunto, ¿qué diálogo se puede entablar con un bully? ¿Qué posible diálogo puede entablarse con una persona a quien no le molestaría para nada verte muerto, golpeado o destruido en el infierno, solo por ofender su idea mayor? ¿Qué diálogo puede existir con personas que se escurren como serpientes entre las esferas de poder y que lo usurpan descaradamente en orden de eliminarnos? Mi respuesta es ninguno. Ningún diálogo. Desde pequeño, como víctima de abuso físico, emocional y sexual por parte de cristianos, entendí que el bully solo reacciona cuando sacas tu mejor patada y se la encestas sorpresivamente en los huevos. O cuando sacas el mayor chi de tu ser y lo demuestras en un buen puño que le rompa el tabique de la nariz. Se razona con quien esté dispuesto al raciocinio. El emisor está obligado a hablar el mismo lenguaje que el receptor. Eso es, si quiere un “diálogo”.

Otras retóricas incluyeron el distanciamiento, el ejercicio de “los fupistas están lejos de mí”, “los tatuados están lejos de mí”, “los revolucionarios allá y yo acá”. Ese ejercicio constituye la mayor cobardía, incluso, de compañeros escritores y maestras, que decidieron que sobrevivir esta debacle y emerger sanos y salvos, sin rasguño alguno, es más importante que la solidaridad. Es triste que las dos personas que tengo en mente cuando escribo estas particulares líneas, un escritor y una maestra, sean personas que siempre han contado con mi solidaridad.

Mi trampa fue efectiva. Cayeron los que tenían que caer. Y el resto de mis hermanos y hermanos cristianxs verdaderxs no se ofendió por el cartel y me mostraron solidaridad. ¿Por qué? Porque han decidido conscientemente ponerle un alto a las enseñanzas cristianas de odio, muy abiertamente manifiestas a lo largo de la biblia (nótese la “b” minúscula), en libros como Levítico, Números y Deuteronomio (los cuales utilizan selectivamente), y pasajes como 1 Corintios 6:9 (el cual usan muy selectivamente). Han decidido recrear el cristianismo, amoldarlo a sus necesidades de siglo XXI, ajustarlo a los tiempos. Y esa valentía merece una distinción, y a aquí va la mía: si tan solo ese grupo de cristianos se multiplicase hasta ahogar en número a los fundamentalistas… si tan solo ese tipo de cristianos tomara la delantera y silenciara definitivamente a los fundamentalistas con un discurso verdadero de respeto y aceptación (nótese que no utilizo “tolerancia”), mi cartel no hubiera tenido razón de ser. Lamentablemente, estamos a años luz de lograrlo. Mensajes de amenaza de atentados contra mi vida, mi propiedad, mi pareja, mensajes de amenaza de palizas, de insultos en lugares públicos y concurridos, todo ello en nombre de una idea poéticamente personificada, solo pone en evidencia lo que todos sabíamos pero no habíamos querido admitir: el fundamentalismo es una enfermedad. Personas como Wanda Rolón, Jorge Raschke, Font y todxs sus secuaces constituyen un virus, una infección de tal tamaño que nos estamos hundiendo en la gangrena nacional. En el cáncer del espíritu de esta isla tan tropical, insular y pequeña. Somos pequeños cuando podríamos ser realmente grandes.

Por otro lado, soy consciente de que lo que más molestó de mi grito de guerra, no fue la palabra “cabrón”. En la mayoría de las fotos, incluyendo la más iconográfica de todas, aparezco con una sonrisa de gran amplitud. Es eso lo que molesta. La risa. Clarice Lispector fue una mujer muy sabia cuando escribió su maravilloso cuento “La mujer más pequeña del mundo”. Si lo leen, entenderán de qué hablo. La risa es la más poderosa de las armas. Existe algo en su vibración que puede socavar los cimientos más sólidos de cualquier edificación. Yo me río de todo, hasta de mí mismo. Incluso me río hasta de mi astucia de reírme.

Finalmente, un efecto adverso de mi manifestación fue la falta de solidaridad dentro de mi misma comunidad. El cucarachero destapado ha sido tan grande que de la boca muerta de Goliat continúan saliendo sapos y culebras. Hemos visto que constituimos una comunidad que reclama equidad pero que no está dispuesta a darla. Somos una comunidad que reclama respeto a la diversidad pero aun dentro de nuestras filas no estamos dispuestos a reconocer la diversidad. Queda demasiado qué hacer. Queda admitir que TU DIOS ES UNA CACA, SI COMO SU SIERVO O SIERVA, ERES UNA CACA.

Hemos retrocedido en nuestra humanidad. Hemos retrocedido la lucha que tanto habíamos adelantado.

(vía elpostantillano.com)

Notas de Ateorizar:

Caleb es escritor y puedes comprar sus libros en: http://erizoeditorial.com/123357420

Sobre su libro “Diario de una Puta Humilde” Caleb nos dice:

Me da asco lo que fui. Me da vergüenza cómo fui capaz de infligirme el más severo de los castigos para sentirme mejor; necesidad que fue inculcada como un programa de lavado de cerebro masivo y sistemático en la secta de los Testigos de Jehová en que me crié. Doy gracias a la literatura, sin embargo, que siempre demuestra que los personajes son, de alguna forma, dinámicos. No queda mucho del muchacho que vive en estas páginas y que endiosaba a su novio. Desde entonces, muchos pedestales se han roto.

No pretendo que este libro se convierta en un retrato del país, o un retrato de sus comunidades LGBTTQQI y las prácticas sexuales tras bastidores de las que nadie quiere hablar. Es un tratado literario sobre las desavenencias del sexo, sus posiciones, roles, políticas y negociaciones. Asimismo, funge como un ensayo sobre cómo narrar el sexo con honestidad hasta descarnarle el morbo. ¿Qué queda cuando se le quita el morbo al sexo sino literatura?

Este “non-fiction” memoriza mis experiencias sexuales desde que salí de mi propio “bildungsroman”. Es una autobiografía de mi bellaquera, de las exigencias de mi próstata, del bicho, del culo, del ojete, la leche y la mierda, pero sobre todo, de la sangre. Es una crónica de los virus en la piel y en la sangre.

-David Caleb Acevedo

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