jueves, 19 de febrero de 2015

¿Por qué es ético ser ateo?

ARNOLDO KRAUS 

Dos premisas. Primera. La ética no está peleada con las religiones. Éstas, cuando exceden sus límites y sus fieles se convierten en fanáticos cuyas vidas se rigen por el fundamentalismo, sí están peleadas con la ética. Abogo por una definición simple de ética: “Comportarse con el otro como lo hago conmigo mismo o con mis seres queridos”. Quien actúa cobijado por principios éticos no daña, o daña poco; matar al prójimo no entra en sus quehaceres.

Quienes practican el yihadismo, sea Boko Haram, Al Qaeda y el Estado Islámico, matan a todos los infieles sin razón: caricaturistas, policías franceses, judíos, mujeres adúlteras, homosexuales, niñas cristianas en Nigeria, presos japoneses.

En Israel, los judíos ultras han acabado con la vida de palestinos, y uno de ellos, Ygal Amir, asesinó en 1995 al primer ministro Itzjak Rabin y con ello aniquiló el proceso de paz; un año antes, Baruch Goldstein, fundamentalista religioso, masacró en Hebrón a 29 musulmanes mientras oraban en la mezquita.

En el pasado, la Iglesia Católica acabó con las vidas de incontables seres humanos, cientos de miles, acusados de herejía. Basta recordar las Cruzadas, la Inquisición y la abominable unión entre Iglesia y fascismo como sucedió durante la Segunda Guerra Mundial con Hitler y Mussolini. Si bien los católicos han dejado (casi) de matar a herejes y los judíos ultras lo hacen en mucho menor escala cuando se comparan con los yihadistas, el terror impuesto por el Estado Islámico y los fanatismos afines crece sin cesar.

Las formas ultras de las tres religiones no son incluyentes, son intolerantes, son racistas, no tienen la capacidad de dialogar y no entienden que sin el otro nunca habrá paz. Actuar bajo normas éticas donde el fanatismo dicta las reglas es imposible: el otro siempre será enemigo. Los religiosos fanáticos tienen la necesidad de creer sin cuestionar, de creer hasta lograr las metas impuestas por sus jerarcas; decapitar, violar y raptar son actos en los cuales no es necesario reparar.

Segunda premisa. La laicidad es una forma de vida cuyas ideas centrales son defender la libertad de conciencia y de expresión; cualquier tipo de creencia es permitida. La laicidad, bien ejercida como sucede en varios países occidentales, procura la igualdad e impide la discriminación. Cualidades como pluralidad y autonomía son otras características.

No hay en la historia registros de asesinatos en masa como consecuencia de valores laicos; la igualdad entre individuos, la libertad de conciencia y la autonomía de lo jurídico frente a lo religioso no persigue ni mata seres humanos. La espiritualidad de los ateos no busca matar, acoge. Ejercer principios éticos es factible en los Estados laicos: no se daña ni se mata al otro. Quienes aprecian la laicidad creen y son incrédulos a la vez; la libertad es un bien supremo.

La situación del mundo invita a cavilar en ambas premisas. Ejercer las religiones sin límites aleja a los practicantes de quienes no comulgan con su fe.

Si la religión se convierte en fanatismo, el otro es un ser humano diferente y un enemigo.

De ahí mi postura: los dogmas religiosos, siempre incuestionables, siempre dueños de una verdad única e indivisible alejan a sus fieles de la ética pues el otro no es parte de su universo. Las personas que maman principios éticos laicos en la casa y en la escuela tienen capacidad de dialogar, se alejan de los dogmas, no poseen verdades unívocas y tienden a ser incluyentes: el otro es parte de su campo de acción.

A los divulgadores de las religiones les interesa invertir en ignorancia y son contumaces: las mujeres, o no valen o valen un mendrugo. ¿Se puede invertir para ahondar la ignorancia? Sí: impedir que las masas se eduquen es una de las grandes empresas de las religiones; otra es gastar en grupos cautivos para educarlos bajo la égida de la religión, y otra es denigrar al sexo femenino.

La ética, por ser una disciplina en constante evolución siempre cuestiona, no se acomoda a ninguna regla y considera al otro como un “yo mismo”. Retomo el inicio del artículo: La ética laica no está peleada con las religiones. Las religiones, por ser excluyentes, se alejan de principios éticos. Basta observar cómo tratan a las mujeres y el poco tiempo que dedican a los pobres.

Notas insomnes. Los efectos perniciosos de las religiones podrían contrarrestarse con la enseñanza, desde la educación primaria, de la ética laica.

(vía diario.mx)

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