sábado, 14 de marzo de 2015

Raif y otros cinco perseguidos por ser ateos del Islam

  • El saudí Raif ha sido condenado a 10 años de cárcel y 1.000 latigazos
  • La tunecina Nadia se ha tenido que exiliar a París y el iraquí Omar vive escondido
  • Todo porque no creen en Alá, critican el Islam abiertamente y defienden una sociedad laica
Asus 31 años, al saudí Raif Badawi le quedan 10 años entre rejas y una condena de mil latigazos. No sólo eso: podría ser resentenciado por segunda vez y afrontar la pena de muerte. Su único delito, no creer en Dios y decirlo. De Irak a Marruecos y del norte de África a Palestina, una nueva generación de ateos que viven en países musulmanes se rebelan contra el Islam manifestando alto y claro su derecho a no creer en Alá, clamar por la secularización de los Estados y criticar la religión jugándose la vida. Según las encuestas, son una minoría: un estudio del instituto Pew de 2012 en países musulmanes revela que un 100% de los encuestados en Oriente Medio y el norte de África asegura tener fe absoluta en Mahoma. Claro que en esos países no creer en Dios se paga con la exclusión social en el mejor de los casos y la cárcel o la muerte en el peor. Porque los ateos existen y luchan enfrentándose a las leyes, la sociedad, su familia y amigos, pagando por su osadía con una vida en el exilio o en la clandestinidad bajo el yugo de amenazas de muerte. Ante esta realidad violenta, muchos laicos ocultan sus ideas. Unos pocos deciden luchar por ellas. Crónica localiza a seis activistas seculares de una punta a otra del arco de países musulmanes para descubrir voces totalmente contrarias a los estereotipos: "El Islam es la mafia", dice el youtuber Ismail Mohammed, quien vive escondido en el Sinaí temiendo por su vida. En Irak, el caricaturista Omar Al Najm intenta ocultar su rostro actual y fustiga a los religiosos con incendiarios escritos y dibujos que cuelga en Facebook para su millón de seguidores: "El Dios que conozco significa sadismo, opresión, racismo y falta de humanidad". Más allá de la corrección política, para ellos los atentados de Charlie Hebdo tuvieron un efecto devastador porque viven cada día en sus carnes el precio de la disensión. El palestino Waleed Al- Husseini, encerrado y torturado durante 10 meses por burlarse del Corán, vive ahora exiliado en París: "El Islam quiere ser tolerado pero no tolera"

Denuncian una "sociedad atrasada" en la que las "mentes más brillantes deberán buscar aires más claros", como escribía el bloguero saudí Raif Badawi, cuya vida pende de un hilo. No todos son tan incendiarios. La directora de cine Nadia El Fani cree que hay un trasfondo político: "Los jefes viven muy bien y los soldados muy mal, el Islam es un mecanismo de control". Ideas a contracorriente, muchas veces censuradas también en Occidente, como alertan ellos mismos clamando su soledad por culpa de la "corrección política" o incluso el miedo, tras las que descubrimos a rebeldes con vidas duras marcadas por una titánica lucha por la libertad. Es su manera de decir, frente al miedo: Je suis Charlie.

Raif / activista: ''En cuanto un pensador comunica sus ideas se enfrenta a 100 fatuas'

"Para mí, el liberalismo significa vive y deja vivir", escribió el escritor y activista saudí Raif Badawi en mayo de 2012, poco antes de serencarcelado y condenado a siete años de cárcel y 600 latigazos. Poco después, volvió a ser juzgado y resentenciado en mayo del año pasado a 10 años y 1.000 latigazos, a razón de 50 a la semana. Ahora, según reveló esta semana The Independent, podría enfrentarse a un tercer juicio, esta vez por apostasía, lo que le conllevaría la pena de muerte.
El 9 de enero le cayeron los primeros varazos en plena plaza pública de Yeda. La presión internacional y su delicado estado de salud han detenido de momento el escarnio público mientras crece el clamor internacional por quien ya es un icono.

"No deberíamos esconder que los musulmanes de Arabia Saudí no sólo no respetan las creencias de otros sino que consideran a cualquiera que no sea musulmán un infiel. ¿Cómo podemos pensar de esta manera y aspirar a tener una relación decente con las 4.000 millones y medio de personas que viven en el mundo que no creen en el Islam?", escribía este joven ateo de 31 años.

Crónica contacta con la esposa de Raif, Ensaf Haidar, quien vive exiliada en Montreal junto a los tres hijos del matrimonio: "Está un poco mejor gracias a Dios porque lo han llevado a una prisión más confortable. Hablamos de vez en cuando", cuenta desde un exilio en el que asegura no tener miedo: "En estas terribles circunstancias, me alegra estar en un país donde uno puede expresarse libremente". "Mi marido no es un criminal, no ha hecho nada malo, es un hombre muy libre y bueno que quiere mucho a sus hijos", añade emocionada.

Badawi era el administrador de la web Free Saudi Liberals, en la que se mostraba implacable con un país más que reacio a cambiar sus tradiciones milenarias y gran exportador de la rigurosa corriente religiosa del wahabismo: "En cuanto un pensador comunica sus ideas, se enfrenta a 100 fatuas. Las mentes más brillantes del mundo árabe deberán buscar aires más claros", escribía en su blog provocando furias.

Ensaf lleva tres años sin ver a su marido. Primero estuvo refugiada en Líbano y ahora en Canadá, donde recibe el apoyo de Amnistía Internacional y de la asociación canadiense de escritores PEN. Badawi está nominado al premio Nobel de la Paz y es hoy el símbolo más conocido de la lucha por la libertad de expresión en países musulmanes. Ensaf mantiene la esperanza de volverlo a ver: "Lo único que puede salvarlo es la presión internacional. Con un nuevo rey al mando, esperamos un gesto de piedad".

Ahmed / periodista: 'Lo que defendemos es que la religión no nos define como personas'
Ahmed Benchemsi, leyenda del periodismo marroquí, describe desde su exilio en la universidad estadounidense de Stanford, donde es profesor invitado en el programa de Reforma Árabe y Democracia, lo que llama la "esquizofrenia del monólogo del mundo árabe". En esta esquizofrenia, miles de jóvenes, y no tan jóvenes, consumen alcohol, tienen relaciones sexuales fuera del matrimonio y no se ajustan a los ideales religiosos impuestos por las propias leyes. Y sufren. Por ello, lo que Benchemsi propone es que aquellos que ya viven al margen de la religión acepten su "secularismo interior" y dejen de sentirse culpables por no creer en Dios o vivir sin seguir las estrictas reglas del Islam. No es fácil: "La presión psicológica que llega de todas partes, los medios, la familia, el gobierno es enorme".

Benchemsi, de 40 años, fundó en 2001 la revista Tel Quel, que se declaraba laica a todos los efectos. Un número especial sobre humor que incluía chistes sobre el Islam le procuró una catarata de querellas y tras un acoso judicial tuvo que marcharse de Marruecos. Ahora dirige desde California la revista online Freearabs, en la que periodistas laicos de todo el arco de países musulmanes, algunos con seudónimo y otros no, opinan de manera libre. "Lo que nosotros defendemos es que la religión no nos define como personas. Por eso no casamos con la imagen que prefieren tener los medios occidentales: o el árabe enfadado y religioso o el moderado que dice que el Islam es una religión de paz y etcétera".

Ahmed, marroquí, vive en EEUU.

En su web, uno encuentra de todo: vídeos musicales de condena a las atrocidades del Estado Islámico, raperos palestinos o artículos críticos con los líderes políticos y la no secularización, particularmente duros con Arabia Saudí y su propagación del wahabismo.

Benchemsi se rebela contra la presunción occidental de que los 1.600 millones de personas que viven en países donde impera el Islam son musulmanes: "Si alguien dice 'mundo cristiano' para referirse a Occidente sería una afirmación como mínimo dudosa y discutible y no entiendo por qué se acepta que se diga que 'el mundo musulmán' como si todo el mundo que vive en esos países tenga que ser religioso por simple geografía. Los no creyentes ya lo tenemos suficientemente difícil en nuestros países como para que los progresistas occidentales nos nieguen el derecho a ser laicos con sus sentimientos paternalistas".

Benchemsi cree que la revolución laica es imparable: "La lucha no es por secularizar porque eso ya ha sucedido, la primavera árabe no fracasó, pero es una lucha más a largo plazo. Internet es el gran agente de cambio. Hasta entonces no había libertad de expresión y ha generado una dinámica que ya no puede ser derrotada".

Waleed/ bloguero: 'Desacralizar la sociedad es la piedra angular contra el terrorismo'
El joven Waleed Al-Husseini, palestino de 26 años, tiene el gesto grave, muy grave, para un chaval de su edad. Creció en la ciudad de Qalqilya, en Cisjordania, en el seno de una familia "moderada" para los que la religión era "un tabú que no se cuestionaba".

En la escuela, donde tampoco los preceptos del Islam jamás se ponían en duda, Husseini comenzó a tener reparos y se dio cuenta de que "nadie me iba a ayudar a resolverlos". "Lo primero que me hizo cuestionar mi religión fue el hecho de que las reglas del Islam son imposibles de aplicar en la vida cotidiana", explica. Comenzó entonces un proceso de liberación personal y de investigación "en bibliotecas y en internet" que le ha llevado a aceptar su ateísmo pero lo ha condenado también al ostracismo social.

Waleed, palestino, vive en París.

Siendo aún adolescente, se refugió en un locutorio de su ciudad y desde allí comenzó a mantener una actividad frenética en su página de Facebook donde hacía chistes con versos del Corán, se burlaba del "vandalismo" de Mahoma o chateaba en foros bajo el nombre de "Dios todopoderoso". Especialmente sonado fue su manifiesto Por qué abandoné el Islam, donde ofrece más explicaciones sobre su rechazo a la religión bajo la que fue educado y emite rotundas afirmaciones como "Islam es una religión autoritaria que no reconoce la libertad", "los textos del Corán incitan flagrantemente a la guerra" o "Mahoma no se distingue en nada de los gánsteres del desierto que saqueaban pueblos y violaban a las mujeres".

Su activismo en redes sociales terminó cuando la autoridad palestina lo encerró 10 meses en la cárcel por "blasfemo" y, según cuenta, fue torturado. Ahora vive en París, donde acaba de publicar un libro autobiográfico, Blasphemeur, y habla con Crónica sin pelos en la lengua: "El Islam usa su duplicidad. Quiere ser tolerado pero no tolera. El problema de las sociedades musulmanas en general y árabes en particular es que la religión está en el corazón de todo hasta el punto de que los vecinos pueden denunciarse los unos a los otros por haber faltado al rezo. Desacralizar la sociedad es la piedra angular en la lucha contra el terrorismo islamista".

Convertido en símbolo, para Husseini nunca se trató de una cuestión de valentía. "Simplemente he tratado de defender mi libertad porque para mí la esencia de ser un hombre es haber nacido libre. Aunque después del simulacro de proceso y la prisión, de todos los sacrificios,he acabado asumiendo que hay un precio por defender mi libertad", sentencia.
Imail / 'Youtuber': 'El problema va más allá del terrorismo: el islam es la mafia'
"Cuando declaras tu laicidad, sufres un proceso en el que sientes el rechazo de tu familia, tu escuela, tus amigos...", se lamenta el egipcio Ismail Mohammed, de 31 años, youtuber y creador, junto a Ahmed Arkan, del programa Black Ducks, donde ambos exponen su laicismo en un país en el que no creer en Dios es delito.

"Hay un problema en las sociedades árabes y se llama Islam. El Islam es la mafia. Sé lo que es ser musulmán y no quiero serlo más. En nuestra cultura te pueden matar por pensar diferente, no son sólo cuatro musulmanes locos. Cuando los imanes salen en los medios occidentales y dicen que esos terroristas no son el Islam os están mintiendo porque eso es el Islam en sí mismo y es la filosofía del odio que propagan en las mezquitas. Pido a los países europeos que abran los ojos", dice Ismail atacando con dureza una sociedad donde la religión no es una opción sino una imposición brutal. Exiliados de su Alejandría natal, tanto él como Ahmed viven, en algún lugar del Sinaí, gracias a las colaboraciones de simpatizantes.

Ismail, egipcio, vive en el exilio.

Ismail tiene mucho miedo, y en su conversación nerviosa es fácil adivinar ese pánico: "Me pueden matar en cualquier momento. Vosotros no entendéis lo que es vivir así simplemente por decir que no crees en Dios".

Sobre ese instante en el que llegó a la conclusión de que el Islam es una "religión criminal", su compañero Ahmed Arkan, de 30 años, dice: "Cuando mi fe en Dios se colapsó del todo y no me resultaba en absoluto convincente, no podía rezar. De niño había sido muy religioso y un gran seguidor de los salafistas -rama extrema del Islam- y durante mucho tiempo la religión fue muy importante para mí. Rezaba a Dios para que me devolviera la fe y acabara con mis dudas pero hubo un momento en el que ya no me podía engañar más a mí mismo. De repente, sentí la necesidad de hablar con las figuras religiosas que me habían educado y hablarles francamente. Fue un paso muy duro".

Más cauto es Ismail cuando se le pregunta si la situación de la libertad es mejor con el gobierno supuestamente laico de Al Sisi: "Es un problema que va más allá del gobierno porque está enraizado en la sociedad. Para cualquier político va a ser muy difícil un cambio semejante".
Y alerta: "En los países europeos tenéis sociedades muy sanas, muy desarrolladas, y la corrección política no os deja ver que en vuestro seno están creciendo comunidades islámicas que amenazan vuestra libertad. El choque entre vuestros valores y los valores medievales del Islam nos hace temer una guerra".

Nadia / cineasta: 'Las jóvenes árabes de Femen llevan el peso de los cambios que necesitamos'
A la directora de cine Nadia El Fani, tunecina de 55 años, el laicismo le viene de familia. Hija de un destacado miembro del partido comunista de Túnez y de madre francesa, creció en un ambiente progresista marcado por el compromiso político del padre, que ella ha perpetuado. Para El Fani, el secularismo fue siempre algo natural por lo que observó atónita como en su país cada día era más difícil apartarse del Islam. Ella ha tenido problemas por manifestar en público que no hizo el Ramadán: "Durante mucho tiempo era común no respetar el Ramadán, pero en los últimos años, Ben Ali [el ex dictador tunecino que huyó del país en 2011] cerró las cafeterías y los restaurantes porque comenzó a utilizar la religión como un mecanismo de represión y control social".

De eso trata, precisamente, una de las películas de Nadia El Fani,Inch'Allah (2012), que causó un enorme revuelo en Túnez y que acabó propiciando su expulsión del país después de numerosas amenazas de muerte y una condena por blasfemia de tres años de cárcel. De momento, reside en París, donde nació su madre, y desde allí despliega un intenso activismo político a través de los documentales que realiza, en los que no se deja arredrar: "Si tuviera miedo no habría hecho nada en mi vida", dice con firmeza.

Nadia, tunecina, exiliada.

Mujer luchadora y feminista, se identifica con las activistas de Femen, a las que en el filme Nuestros senos, nuestras armas (2013) retrata desde que surgieron en Ucrania hasta la expansión de esta organización feminista a los países árabes.

"Las jóvenes árabes de Femen llevan sobre sus espaldas todo el peso de los cambios que necesita el país. Cuando exhiben sus cuerpos de forma natural se rebelan contra quienes quieren verlos como algo sucio o pornográfico. Las mujeres se están solidarizando y serán la fuerza que transforme los países musulmanes», opina.

No cree que el Islam sea el problema sino "la manipulación que hacen de él las personas interesadas para seguir manteniendo el poder en la sociedad. El Islam no es más que una manera de engañar, no me interesa el debate de si es mejor o peor que el catolicismo porque eso es para los teólogos, es un problema político.La gente vive oprimida, sin perspectivas laborales y se les hace creer que serán felices después de la muerte como forma de manipularlos. Los jefes viven muy bien y los soldados muy mal".

Denuncia además que los islamistas están ganando terreno en Europa con su estrategia del terror: "Hace unos días suspendieron el pase de una película mía en una ciudad de las afueras de París esgrimiendo razones de seguridad. Es lo peor que puede pasar porque si cedemos les decimos que tienen razón", concluye.

Omar / caricaturista: 'El horror es vivir en el siglo XXI con reglas que tienen 1.400 años'
"Si el Islam predica una verdad indiscutible como se arroga, ¿por qué sus críticos son amenazados con la muerte y la exclusión social?", dice Omar Al Najm, escritor y caricaturista iraquí de 31 años, quien se anuncia como "ateo y librepensador". Desde su exilio en Amán, capital de Jordania, donde vive refugiado de su Bagdad natal con su hijo y esposa, Al Najm mantiene una actividad frenética aunque lleva dos años sin salir de casa debido a las amenazas de muerte que asegura le llegan de forma diaria: dirige la revista Net Minds, dibuja sus polémicas caricaturas y hasta cuelga canciones de protesta en forma de rap.

Omar, iraquí, usa seudónimo.

Rozando el millón de seguidores en su página de Facebook, Al Najm es un seudónimo. El activista no quiere mostrar su rostro actual, y es renuente a dar algunos detalles sobre su vida: "Es una existencia de pavor. Yo y mis padres hemos sido víctimas de la violencia sectaria entre chiíes y suníes (Omar es suní), pero la persecución que sufro ahora lo supera todo". Tantos son sus talentos y tal su secretismo que incluso se duda de si tras el nombre de Omar Al Najm se ocultan dos o quizá tres personas:"Tengo colaboradores, los ateos estamos unidos", dice. Sus vídeos de animación, que cuelga en un canal de YouTube que tiene como logo el polémico Mahoma del turbante y la bomba que publicó la revista satírica Charlie Hebdo, son de alto voltaje. Es precisamente el profeta el protagonista de una sátira que toma prestados elementos y dibujos del semanario víctima de un atentado yihadista. Los firma con otro alias, "cínico", pues considera que el Islam es ante todo eso, una religión cínica.

Al Najm fustiga sin piedad una sociedad anclada en "la edad de piedra". "El horror surge cuando una sociedad del siglo XXI trata de vivir con reglas que tienen 1.400 años. Sólo los ateos podemos hacer avanzar al mundo árabe hacia la civilización. Para el Islam formamos parte de una conspiración en la que estamos junto a Israel y EEUU por la que somos los culpables de todo. Para justificar su fracaso, los países islámicos siempre buscan un culpable exterior y somos los cabezas de turco perfectos. En mi país mucha gente piensa que los atentados del 11-S fueron obra del Mosad. El grado de lavado de cerebro es difícil de entender para un occidental acostumbrado a la libertad de prensa".
Para luchar contra el absurdo, defiende el humor: "Al enemigo le enfurece que haya homosexuales pero le da igual que los terroristas maten a personas y los niños se mueran de hambre. El humor es una forma de poner de manifiesto ese sinsentido. El Dios que conozco significa sadismo, opresión, racismo y falta de humanidad".

(vía elmundo.es